La flota de cazas F-35B Lightning del Reino Unido se encuentra al límite de su capacidad operativa, según fuentes militares británicas. La combinación de operaciones de combate continuadas y los retrasos acumulados en las actualizaciones técnicas han puesto bajo presión a los 48 aparatos que componen el programa inicial, todos ellos ya recibidos por las fuerzas armadas del país.

Un ritmo operativo insostenible

Desde su entrada en servicio, los F-35B británicos han participado en misiones de combate real, incluyendo operaciones en Oriente Próximo y patrullas aéreas en el este de Europa. El desgaste de las aeronaves, sumado a la necesidad de mantenimiento constante, ha reducido la tasa de disponibilidad muy por debajo de los objetivos del Ministerio de Defensa del Reino Unido.

Las operaciones de combate han sido intensas y el programa de actualizaciones no ha podido seguir el ritmo previsto, lo que ha afectado a la preparación de la flota, según declaró un portavoz de la Royal Air Force a principios de mayo.

Retrasos en el Technology Refresh

El programa de modernización Technology Refresh 3 (TR-3), que debía mejorar la capacidad de procesamiento y la compatibilidad con armas avanzadas, acumula meses de retraso. La empresa responsable, Lockheed Martin, ha reconocido dificultades en la integración del software, lo que ha obligado a mantener en servicio aparatos con configuraciones obsoletas.

El Ministerio de Defensa británico confirmó en su último informe de capacidad aérea que la flota de F-35B necesita una inversión adicional urgente para recuperar su plena operatividad. El coste estimado de las reparaciones y mejoras pendientes asciende a más de 1.000 millones de libras, según fuentes del sector.

El portaaviones HMS Queen Elizabeth, que depende de los F-35B como núcleo de su grupo de combate, ha visto limitadas sus capacidades de proyección durante los últimos despliegues. El Reino Unido tiene previsto adquirir otros 90 F-35 en fases posteriores, pero los problemas actuales han llevado a algunos diputados de la Cámara de los Comunes a cuestionar la viabilidad del programa a largo plazo.

La situación refleja un desafío creciente para las fuerzas armadas británicas, que deben equilibrar las exigencias operativas con los plazos de modernización tecnológica. El Gobierno laborista de Keir Starmer se ha comprometido a revisar los plazos de entrega de las actualizaciones en los próximos meses.