La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cada vez más utilizada por los ciudadanos de todo el mundo para decidir su voto. Plataformas como ChatGPT, Gemini, Grok o Claude reciben miles de consultas durante los procesos electorales, y según varios estudios, estas herramientas pueden llegar a ser más persuasivas que las campañas tradicionales. Sin embargo, el mismo auge despierta alertas sobre la precisión, los sesgos y la descontextualización de la información que ofrecen.
Una influencia creciente en la decisión del voto
La facilidad de acceso y la aparente neutralidad de los asistentes conversacionales han llevado a millones de votantes a pedir recomendaciones sobre partidos, candidatos o políticas. Un análisis reciente señala que la capacidad persuasiva de la IA puede superar a la de la publicidad política tradicional, lo que plantea interrogantes sobre la integridad de los procesos democráticos. Los modelos de lenguaje, entrenados con ingentes cantidades de datos de internet, pueden reflejar sesgos implícitos o información desactualizada.
Varios estudios muestran que estas plataformas llegan a ser mucho más persuasivas que las campañas tradicionales. Sin embargo, hay alertas porque su información, de acuerdo con otras investigaciones, puede ser imprecisa, sesgada o descontextualizada.
Riesgos de manipulación y desinformación
La preocupación no es solo técnica, sino también geopolítica. Gobiernos y expertos en ciberseguridad advierten de que la IA podría ser utilizada para interferir en elecciones mediante la difusión de desinformación a gran escala o la creación de deepfakes. Aunque no se han documentado casos masivos de manipulación electoral con IA hasta la fecha, la velocidad de adopción de estas herramientas supera la capacidad regulatoria de la mayoría de los países. La Comisión Europea, por ejemplo, ya ha incluido la transparencia algorítmica en su reglamento de inteligencia artificial, pero su aplicación efectiva sigue siendo un desafío.
En España, donde se celebran elecciones periódicas a nivel autonómico y nacional, el uso de asistentes de IA entre el electorado no ha sido aún cuantificado de forma oficial, pero fuentes del Ministerio del Interior consultadas reconocen que es un fenómeno que monitorizan de cerca. La falta de una regulación específica sobre el uso político de la IA abre la puerta a posibles abusos.




