La empresa lituana Kongsberg NanoAvionics ha logrado un contrato valorado en 122,5 millones de euros (unos 142 millones de dólares) para construir y dar soporte a constelaciones soberanas de satélites. El acuerdo, anunciado el 27 de mayo de 2026, supone un hito para la compañía, que hasta ahora se centraba en la fabricación de satélites individuales y pequeñas constelaciones.

Un salto cuantitativo y estratégico

El contrato, el mayor en la historia de NanoAvionics desde su fundación en 2014, contempla la construcción de una constelación inicial de 280 satélites. Aunque no se ha revelado la identidad del cliente, la compañía ha señalado que la misión responde a la creciente demanda de pequeños Estados y entidades gubernamentales que buscan capacidades espaciales independientes, impulsadas por consideraciones de soberanía y seguridad nacional. Según declaraciones de la empresa, este proyecto marca un cambio de escala en su modelo de negocio, pasando de la producción artesanal de satélites a la fabricación en serie.

Contexto: la fiebre de las constelaciones soberanas

NanoAvionics fue adquirida en 2023 por el grupo noruego Kongsberg, lo que le ha proporcionado mayor respaldo financiero y tecnológico. La compañía, con sede en Vilna (Lituania), ha visto cómo el mercado de las constelaciones soberanas se ha disparado en los últimos años, especialmente desde que la invasión rusa de Ucrania puso de manifiesto la dependencia de infraestructuras espaciales extranjeras. Países como Estonia, Letonia o la propia Lituania han mostrado interés en desarrollar sus propias capacidades satelitales como herramienta de resiliencia. Este contrato, aunque anónimo, subraya una tendencia global hacia la autonomía espacial que también afecta a potencias medias y pequeñas economías.

El acuerdo incluye servicios de soporte durante toda la vida útil de la constelación, lo que garantiza ingresos recurrentes para la empresa. Aunque NanoAvionics no ha detallado el calendario de lanzamientos, fuentes del sector estiman que los primeros satélites podrían estar operativos en un plazo de dos a tres años. La compañía ya ha ampliado sus instalaciones de producción en Vilna para hacer frente al pedido, que multiplica por diez su capacidad anterior.