El Ministerio de Salud de Líbano ha actualizado este sábado el balance de víctimas de los ataques israelíes en el país, elevando la cifra de fallecidos a 3.756 y la de heridos a 11.632 desde el pasado 2 de marzo. El nuevo recuento, difundido el 14 de junio, refleja la continua escalada del conflicto entre Israel y el grupo chií Hezbolá, que mantiene una intensa campaña de bombardeos recíprocos en la frontera sur libanesa.

Según fuentes del ministerio libanés, la cifra incluye tanto a combatientes como a civiles, aunque no se ha detallado la proporción exacta. Los ataques israelíes se han concentrado principalmente en las regiones del sur del país y en el valle de la Becá, donde Hezbolá tiene una fuerte presencia. Desde el inicio de la ofensiva israelí en marzo, los hospitales libaneses han recibido oleadas de heridos, y la infraestructura sanitaria se encuentra bajo una presión creciente.

El impacto en la población civil

El conflicto, que se recrudeció tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior intervención de Hezbolá en apoyo a los palestinos, ha provocado el desplazamiento de decenas de miles de personas en Líbano. Organizaciones internacionales han denunciado que los bombardeos israelíes han causado daños en escuelas, hospitales y viviendas, agravando la crisis humanitaria en un país ya sumido en una grave crisis económica y política. El nuevo balance de víctimas supera ampliamente los registros de anteriores fases del conflicto, lo que indica una intensificación significativa de la violencia desde marzo.

Israel justifica sus ataques como respuesta a los lanzamientos de cohetes de Hezbolá contra su territorio, que han causado víctimas y daños en localidades del norte del país. El ejército israelí asegura que sus operaciones se dirigen contra infraestructura militar del grupo chií y que toma medidas para evitar bajas civiles, una afirmación que el gobierno libanés y diversas ONG ponen en duda.

El recuento del Ministerio de Salud libanés se ha convertido en la referencia principal para la comunidad internacional, ya que la ONU y otras entidades carecen de acceso completo a las zonas de conflicto. La cifra de 3.756 muertos y 11.632 heridos es la más alta reportada desde el inicio de la ofensiva israelí en marzo y refleja el coste humano de una guerra que no muestra signos de tregua.