El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, visitó este jueves Níger para reunirse con los líderes de la Alianza de Estados del Sahel, que agrupa a Mali, Níger y Burkina Faso, y anunció la continuidad del respaldo militar ruso a las juntas militares de la región. La visita, que tuvo lugar el 9 de julio, subraya la creciente influencia de Moscú en el Sahel en un contexto de retirada de las tropas francesas y expansión de los grupos yihadistas.

Una alianza estratégica para el Sahel

Según informó la diplomacia rusa, Lavrov y los líderes de la Alianza acordaron «continuar su cooperación en los ámbitos político, diplomático, de seguridad, económico y social». El jefe de la diplomacia rusa declaró explícitamente que Moscú quiere «continuar el apoyo militar» a las juntas, en un momento en que estos países buscan alternativas a la tradicional presencia occidental.

Durante la reunión, Lavrov y los líderes putschistas se comprometieron a profundizar la colaboración en materia de seguridad, en un contexto de creciente amenaza yihadista en la región.

La Alianza de Estados del Sahel, creada en 2023, agrupa a tres países con una población cercana a los 60 millones de habitantes y representa un bloque clave en la lucha contra la insurgencia armada en el Sahel. La visita de Lavrov se produce apenas unos días después de que el presidente francés, Emmanuel Macron, confirmara la retirada de las últimas tropas francesas de la región.

Implicaciones para los intereses españoles

El fortalecimiento del vínculo ruso con las juntas del Sahel tiene repercusiones directas sobre los intereses estratégicos de España, especialmente en los ámbitos de la migración, la seguridad y el antiterrorismo. El Sahel es una de las principales rutas de migración irregular hacia Europa, y la inestabilidad en la zona podría aumentar los flujos migratorios hacia el continente. Además, la presencia de grupos armados vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico amenaza la seguridad de los países ribereños del Mediterráneo y de Europa occidental.

Moscú, por su parte, aprovecha el vacío dejado por Francia para consolidar su influencia mediante el suministro de armamento, entrenamiento militar y cooperación en inteligencia. La visita de Lavrov refuerza la percepción de que Rusia busca establecer una presencia permanente en el Sahel, lo que podría chocar con los intereses de la Unión Europea y la OTAN en la región.