El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha destacado este jueves el fortalecimiento de la asociación estratégica entre Rusia y China en el 25º aniversario del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación. El acuerdo, firmado en 2001, se ha convertido en el pilar de una alianza que ambos países presentan como alternativa al orden internacional liderado por Occidente.
En un comunicado difundido desde Moscú, Lavrov ha subrayado que la colaboración bilateral sigue profundizándose en los ámbitos político, económico y militar. «La asociación estratégica ruso-china sigue fortaleciéndose», ha señalado el jefe de la diplomacia rusa, en referencia a una relación que Pekín y Moscú han calificado repetidamente de «amistad sin límites» en los últimos años.
Un pilar frente a la hegemonía occidental
El tratado de 2001 sentó las bases para la cooperación en materia de seguridad y defensa, el intercambio energético y la coordinación en foros multilaterales como la Organización de Cooperación de Shanghái y los BRICS. En estos 25 años, la alianza ha evolucionado hasta convertirse en un eje clave de la arquitectura multipolar impulsada por ambos países, en contraposición al dominio estadounidense y de la OTAN.
Según fuentes diplomáticas rusas, el aniversario se enmarca en una agenda común que incluye ejercicios militares conjuntos, la construcción de nuevos gasoductos desde Siberia hacia China y la creciente desdolarización del comercio bilateral. Lavrov no ha anunciado nuevos acuerdos concretos, pero ha insistido en que la cooperación «no tiene techo» y responde a los intereses estratégicos de ambas naciones.
El jefe de la diplomacia rusa ha recordado que el tratado se firmó en un contexto de aproximación progresiva que se ha acelerado tras la ruptura de relaciones entre Rusia y Occidente a raíz del conflicto en Ucrania en 2022. Desde entonces, China ha incrementado sus compras de petróleo y gas rusos, y ha evitado sumarse a las sanciones occidentales contra Moscú.
La celebración del 25 aniversario coincide con un momento de tensión en las relaciones entre China y Estados Unidos, especialmente por el contencioso de Taiwán y la competencia tecnológica. Pekín ha reiterado su respaldo a la posición rusa en la guerra de Ucrania, mientras que Moscú apoya la postura china en el mar de China Meridional y la reunificación pacífica con la isla.




