Un artículo publicado por la revista especializada War on the Rocks sostiene que las regulaciones de tráfico de armas internacionales (ITAR, por sus siglas en inglés) están debilitando las alianzas de defensa de Estados Unidos. Diseñadas originalmente para proteger la tecnología militar estadounidense, estas normas se han convertido en un obstáculo para la cooperación con los aliados y reducen la influencia de Washington como garante de seguridad global, según el análisis.

El artículo, publicado el 18 de mayo, argumenta que más del 40 % de las transferencias globales de armas corresponden al arsenal estadounidense, pero que una parte significativa de ese porcentaje son sistemas sofisticados para los que el país no logra satisfacer ni su propia demanda, y mucho menos las necesidades de sus socios. Como ejemplo, señala que socios árabes han gastado cientos de interceptores de alta gama en operaciones recientes, lo que evidencia la dependencia de sistemas costosos y la falta de alternativas flexibles.

Un siglo de influencia en riesgo

Durante casi un siglo, la fortaleza industrial de defensa de Estados Unidos generó un beneficio sutil pero clave: la influencia como garante de seguridad preferido por el mundo. Sin embargo, el sistema que ancló el acceso de los socios al armamento estadounidense es ahora un obstáculo. Las ITAR imponen barreras burocráticas y legales que retrasan o bloquean transferencias, lo que, según el análisis, erosiona la confianza de los aliados y abre espacio a competidores como China o Rusia.

El texto subraya que la modernización de los controles de exportación es urgente. La interacción entre industria, diplomacia y defensa —lo que el artículo denomina «estadidad moderna»— requiere un enfoque renovado para regular el comercio de defensa.

Mientras el arsenal estadounidense representa más del 40 % de las transferencias globales de armas, esa cuota comprende en gran medida sistemas exquisitos para los que Estados Unidos no puede satisfacer su propia demanda, y mucho menos las necesidades de otras naciones.

La crítica apunta a que las ITAR, pese a su intención protectora, generan un «fuego amigo regulatorio» que perjudica los intereses estratégicos de Washington. Para mantener su papel como aliado fiable, Estados Unidos necesita equilibrar la seguridad tecnológica con la fluidez en la cooperación militar, concluye el análisis.