La industria espacial afronta un creciente escepticismo sobre la viabilidad económica de las grandes constelaciones de satélites, con dudas sobre los costes de despliegue y la capacidad de escalado. Sin embargo, un análisis publicado el 21 de mayo de 2026 establece un paralelismo histórico: en sus inicios, Internet también fue considerada «demasiado cara» y su rentabilidad parecía incierta.

El internet era «demasiado caro» también

El análisis recuerda que cada nueva plataforma de infraestructura —desde la red eléctrica hasta la banda ancha— ha enfrentado en sus primeras etapas el mismo cuestionamiento. Los sistemas iniciales son a menudo artesanales, con cadenas de suministro inmaduras y sin economías de escala, lo que genera estructuras de costes que parecen prohibitivas.

El patrón histórico se repite

El artículo sugiere que el patrón se repite ahora con las constelaciones de satélites de órbita baja, como las impulsadas por SpaceX (Starlink) o Amazon (Kuiper). Los críticos apuntan a los elevados costes de fabricación, lanzamiento y mantenimiento, así como a la necesidad de renovar los satélites cada pocos años. Sin embargo, los defensores del sector argumentan que, al igual que ocurrió con Internet, la inversión inicial dará paso a modelos de negocio sostenibles una vez que la tecnología madure y se alcance la masa crítica de usuarios.

La comparación cobra relevancia en un momento en que el capital privado y los gobiernos evalúan si merece la pena financiar el despliegue masivo de infraestructura orbital para servicios de conectividad global, observación de la Tierra y comunicaciones seguras. El análisis, aunque sin aportar datos numéricos concretos, sitúa el debate en una perspectiva histórica que invita a la prudencia antes de descartar el modelo como inviable.