La Unión Europea adquirió una cantidad récord de gas natural licuado (GNL) procedente de la planta rusa Yamal LNG durante la primera mitad de 2026. Las compras alcanzaron los 9,89 millones de toneladas, un 18 % más que en el mismo período del año anterior, según datos difundidos este martes. El incremento contradice los esfuerzos declarados por Bruselas para reducir la dependencia energética de Moscú tras la invasión de Ucrania.

El récord de compras se produce pese al paquete de sanciones aprobado por la UE que, hasta ahora, no ha logrado frenar el flujo de gas licuado desde la península de Yamal. Las importaciones reflejan la dificultad de Europa para desprenderse del suministro ruso en un contexto de alta demanda energética y precios elevados en el mercado internacional.

Yamal LNG es una de las mayores plantas de licuefacción del mundo, participada por la rusa Novatek, la francesa TotalEnergies y la china CNPC. Aunque Bruselas ha impulsado la diversificación de fuentes con acuerdos con Estados Unidos y Catar, las importaciones desde Rusia no dejan de crecer.

Un freno a los planes de descarbonización

El aumento de las compras de GNL ruso también choca con los objetivos climáticos de la UE, que aspira a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 55 % para 2030. Cada tonelada de GNL importada desde Yamal incrementa la huella de carbono del bloque, al tratarse de un combustible fósil cuyo transporte y producción generan emisiones significativas.

El récord de importaciones ha encendido las alarmas en varios países miembros, especialmente en aquellos que abogan por un embargo total del gas ruso. La noticia llega en un momento de debate interno en la UE sobre la conveniencia de endurecer las sanciones energéticas contra Rusia. Mientras algunos estados, como Polonia y los bálticos, presionan para cortar por completo los suministros, otros, como Hungría y Austria, se oponen alegando que ello dispararía los precios del gas en sus mercados nacionales.