La divisa de Indonesia, la rupia (rupiah), cayó a mediados de mayo a 17.513 unidades por dólar estadounidense, el nivel más débil jamás registrado desde que existe el tipo de cambio flotante en el país. El desplome supone una depreciación acumulada de aproximadamente el 5% en lo que va de 2026, según datos del mercado de divisas.
La caída refleja una tormenta perfecta sobre la economía indonesia: la fortaleza global del dólar, impulsada por las expectativas de que la Reserva Federal mantenga los tipos elevados; un déficit por cuenta corriente que presiona la balanza de pagos; y una salida neta de capitales que castiga a las divisas emergentes asiáticas.
El Banco Central de Indonesia (Bank Indonesia) ha intervenido en el mercado en las últimas semanas para estabilizar la rupia, pero sin lograr frenar la tendencia. El gobernador del banco central declaró a la prensa local que la entidad está dispuesta a «utilizar todos los instrumentos disponibles» para contener la volatilidad, aunque reconoció que los vientos externos son adversos.
La debilidad de la rupia encarece las importaciones, especialmente de combustibles y alimentos, lo que podría alimentar la inflación y forzar al banco central a subir los tipos de interés, con el consiguiente lastre para el crecimiento económico. Indonesia, la mayor economía del sudeste asiático, creció un 5% en 2025, pero las previsiones para 2026 apuntan a una moderación.
El desplome de la rupia se produce en un contexto de debilidad generalizada de las divisas asiáticas frente al dólar, aunque la magnitud del caso indonesio es especialmente acusada al tratarse de un mínimo histórico que supera el registrado durante la crisis financiera asiática de 1998.




