El director rumano Cristian Mungiu se alzó con la Palma de Oro del Festival de Cannes el pasado 23 de mayo por su película Fjord, un filme que retrata la hipocresía en los discursos de integración y aceptación. La cinta desplazó a la gran favorita, Minotauro, un drama ambientado en la guerra de Ucrania, y superó a la apuesta de la casa, Notre Salut.

El jurado, presidido por la cineasta francesa Claire Denis, destacó la capacidad de Mungiu para abordar un tema universal desde una óptica local. Fjord narra la historia de una comunidad rural que ve alterada su cotidianidad con la llegada de refugiados, exponiendo las contradicciones entre el discurso oficial de bienvenida y las resistencias reales.

La ceremonia de clausura, celebrada en el Gran Teatro Lumière, incluyó críticas abiertas al presidente ruso Vladímir Putin, en un gesto que subrayó la tensión política presente en el certamen. Varios premiados aprovecharon sus discursos para manifestar su apoyo a Ucrania, mientras que en los pasillos del festival se filtraron rumores sobre la posible elaboración de una lista negra de cineastas con posturas pro-rusas, algo que la organización del festival ha negado de forma categórica.

Mungiu, de 58 años, ha consolidado su carrera en Cannes. En 2007 obtuvo el mismo galardón por Cuatro meses, tres semanas y dos días, un drama sobre el aborto en la Rumanía de Ceaușescu, y en 2012 ganó el premio al mejor guion por Más allá de las colinas. Con Fjord, el director vuelve a poner el foco en las heridas sociales, en esta ocasión sobre la migración y sus paradojas, logrando el premio máximo del certamen cinematográfico más prestigioso del mundo.