El futuro de la Misión de la ONU para el Referéndum en el Sáhara Occidental (Minurso) es más incierto que nunca, debido a la crisis financiera de las Naciones Unidas, la redifinición global de las misiones de paz y los nuevos equilibrios diplomáticos en el contencioso del Sáhara, según fuentes de Naciones Unidas en Nueva York.

La Minurso, desplegada desde 1991 para supervisar el alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario y organizar un referéndum de autodeterminación que nunca se ha celebrado, enfrenta una restricción presupuestaria sin precedentes en un momento en que la ONU revisa a la baja sus operaciones de mantenimiento de la paz en todo el mundo. La falta de fondos compromete tanto el número de efectivos como su capacidad de vigilancia en la zona desmilitarizada del muro marroquí.

Un mandato en la cuerda floja

El consejo de seguridad prorroga anualmente el mandato de la Minurso, pero las discrepancias entre los miembros permanentes —en particular entre Estados Unidos, Francia (aliada de Marruecos) y Rusia— dificultan cualquier ampliación sustancial. En las últimas negociaciones en la Asamblea General, varios países plantearon reducir aún más las funciones de la misión, limitándolas a tareas humanitarias y de desminado, lo que supondría un cambio drástico respecto a su misión original de supervisión del alto el fuego.

Desde el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara en 2020, el equilibrio diplomático se ha inclinado a favor de Rabat. Argelia, principal apoyo del Polisario, denuncia que la Minurso está siendo vaciada de contenido. El secretario general de la ONU, António Guterres, instó en su último informe a «preservar la capacidad operativa de la misión» para evitar una escalada militar en una región ya frágil, según una nota interna filtrada a la prensa.

La crisis financiera general de la ONU —con un déficit acumulado de más de 1.000 millones de dólares en contribuciones impagadas— afecta directamente a la Minurso, cuyo presupuesto anual ronda los 60 millones de dólares. Washington, principal contribuyente, ha condicionado su pago a reformas en la gestión de las misiones. Mientras tanto, Marruecos refuerza su presencia militar en los territorios ocupados y el Polisario amenaza con retomar las armas si la misión desaparece.

Para España, cuyo papel histórico como excusa y potencia administradora interina del Sáhara sigue siendo relevante, la deriva de la Minurso supone un riesgo geopolítico directo, según fuentes diplomáticas españolas consultadas. Madrid mantiene un delicado equilibrio entre su apoyo a la autonomía marroquí —refrendado en la declaración conjunta de 2022— y su compromiso con el derecho de autodeterminación saharaui. El fin de la misión onu eliminaría el último amortiguador internacional, dejando el conflicto a merced de los actores locales y sus patrocinadores.