La Organización Mundial de la Salud ha sido acusada de generar alarma innecesaria en torno al ébola, apenas unas semanas después de que la alerta global por el hantavirus quedara en nada. Organizaciones críticas y analistas independientes señalan que el organismo multilateral recurre al miedo como herramienta para justificar su existencia y preservar su financiación.

El incidente reciente se enmarca en un patrón que, según los críticos, se repite desde la pandemia de COVID-19. Durante aquella crisis, altos cargos de la OMS, el Foro Económico Mundial y otras instituciones expresaron abiertamente su entusiasmo por el aumento de poder que la emergencia sanitaria les otorgaba. Esa actitud, según los analistas, provocó un despertar de millones de ciudadanos que hoy desconfían de las advertencias oficiales.

La credibilidad de la OMS se ha reducido drásticamente, según las encuestas de opinión pública. El organismo ha tenido que hacer frente a críticas por su gestión de la pandemia, con acusaciones de haber exagerado la letalidad del virus para imponer medidas restrictivas. Ahora, con la alerta por ébola, los sectores más escépticos consideran que se repite el mismo guion.

El fantasma del hantavirus

La alerta mundial por hantavirus, lanzada a principios de año, no se materializó en una crisis sanitaria de gran magnitud. Los casos confirmados fueron escasos y la transmisión entre humanos no se consolidó. Para los críticos, ese episodio demostró que la OMS estaba dispuesta a inflar amenazas para mantener su relevancia y su presupuesto, que depende en gran medida de las contribuciones de los Estados miembros y de donantes privados.

El ébola, por su parte, sigue siendo una enfermedad grave con brotes periódicos en África, pero los epidemiólogos subrayan que su capacidad de propagación global es limitada si se aplican los protocolos adecuados. La nueva alerta de la OMS, sin embargo, ha sido recibida con escepticismo incluso en países que tradicionalmente apoyaban sus directrices.

El coste de la desconfianza

La erosión de la confianza en la OMS tiene consecuencias prácticas: menor cumplimiento de las recomendaciones sanitarias, dificultades para coordinar respuestas globales y un caldo de cultivo para la desinformación. El propio organismo ha reconocido en informes internos la necesidad de recuperar la credibilidad perdida, pero las acciones recientes, según los críticos, apuntan en la dirección contraria.

Mientras tanto, los gobiernos nacionales observan con cautela. Varios países han anunciado que evaluarán por su cuenta la amenaza del ébola antes de adoptar medidas, una señal de que la autoridad de la OMS ya no se acepta sin discusión. El debate sobre el papel de los organismos multilaterales en la salud global está lejos de cerrarse.