El mercado inmobiliario estadounidense ha alcanzado un nuevo hito en julio de 2026, con el precio mediano de la vivienda usada superando los 440.000 dólares, la cifra más alta registrada hasta la fecha. El aumento, que refleja las persistentes tensiones inflacionarias y la escasez de oferta, ha reavivado el debate político sobre la accesibilidad a la vivienda en Estados Unidos.
Según los datos publicados por fuentes del sector, la mediana del precio de las viviendas existentes se situó por encima de los 440.000 dólares, un nivel que supera los picos anteriores alcanzados durante la pandemia. Este incremento se produce en un contexto de tipos de interés elevados, que encarecen las hipotecas y dificultan el acceso a la compra para muchos hogares.
El fenómeno, conocido como affordability politics, ha centrado los debates económicos y electorales en el país. Mientras que los propietarios existentes ven revalorizado su patrimonio, los compradores primerizos y las familias de rentas medias enfrentan barreras crecientes para acceder al mercado.
El récord de precios también tiene implicaciones para la economía global, ya que el sector inmobiliario estadounidense es un termómetro de la salud financiera mundial. La persistencia de precios elevados podría moderar el consumo y la inversión, influyendo en las decisiones de la Reserva Federal sobre los tipos de interés.
En este contexto, los analistas señalan que el desajuste entre oferta y demanda sigue siendo el principal factor detrás del encarecimiento. La construcción de nuevas viviendas no logra compensar el ritmo de formación de hogares, mientras que los costes de los materiales y la mano de obra continúan al alza, según informes del sector.




