El uso creciente de sistemas de inteligencia artificial en los campos de batalla de Ucrania y Oriente Próximo ha encendido las alarmas en el Congreso de Estados Unidos. Legisladores de ambos partidos han comenzado a examinar el control humano sobre estas tecnologías, ante el temor de que la supervisión menguante esté dando paso a una era de conflicto más peligrosa e impredecible.

La demócrata por Nueva York Kirsten Gillibrand presentó la semana pasada la Ley de IA Militar Segura y Responsable, que limitaría el uso de inteligencia artificial en el lanzamiento de armas nucleares, la vigilancia doméstica y los sistemas de armas autónomas. La iniciativa incluye, no obstante, exenciones que, según expertos en control de armamento, podrían debilitar su alcance o incluso dejarla sin efecto.

Un problema de supervisión

El dominio de la IA en los campos de batalla, desde Ucrania hasta Oriente Próximo, está alimentando el miedo a que la menguante supervisión humana esté dando paso a un futuro más peligroso para la guerra.

Así lo advierte un informe citado por los legisladores, que subraya cómo el Pentágono acelera la adopción de sistemas de inteligencia artificial mientras el Congreso intenta imponer límites legislativos. La ley de Gillibrand pretende restringir la IA en tres áreas críticas: armas nucleares, vigilancia interna y sistemas autónomos letales, pero incluye cláusulas que permitirían al Departamento de Defensa eludir algunas restricciones si se declaran necesidades operativas urgentes.

Expertos en control de armamento han aplaudido la iniciativa, pero advierten de que los resquicios legales podrían hacerla ineficaz. «Sin una prohibición clara y sin excepciones, estas leyes corren el riesgo de ser papel mojado», declaró un analista del Centro para el Control de Armas y la No Proliferación.

Una carrera armamentista digital

La urgencia del debate responde a la creciente integración de la IA en los sistemas militares de las grandes potencias. Tanto Rusia como China han desarrollado capacidades de guerra autónoma, y el Pentágono ha hecho de la superioridad en IA una prioridad estratégica. La comunidad de control de armamentos teme que una escalada no supervisada por humanos pueda desencadenar conflictos por error o malentendidos, especialmente en entornos donde los tiempos de decisión se miden en segundos.

El Senado estadounidense prevé debatir ambas iniciativas en las próximas semanas, en un contexto de creciente presión internacional para establecer normas vinculantes sobre el uso de la inteligencia artificial en conflictos armados.