Cinco años después de la adopción de la ley que legaliza el cannabis con fines médicos e industriales, los productores locales de la región montañosa del Rif, en el norte de Marruecos, apenas han percibido los beneficios prometidos. La reforma, aprobada en 2021, pretendía transformar una economía tradicionalmente informal en un sector regulado que impulsara el desarrollo de esta zona empobrecida. Sin embargo, los efectos sobre el terreno siguen siendo limitados.
La ley marroquí creó la Agencia Nacional de Regulación de las Actividades Relacionadas con el Cannabis (ANRAC), encargada de supervisar la producción, transformación y comercialización del cannabis. Pero los agricultores del Rif denuncian trabas burocráticas, la falta de acceso al mercado legal y la persistencia de circuitos ilegales que ofrecen precios más atractivos a corto plazo. Muchos cultivadores, acostumbrados a décadas de producción fuera de la ley, dudan en registrarse en el nuevo sistema oficial.
El gobierno marroquí esperaba que la legalización atrajera inversiones extranjeras y abriera la puerta a exportaciones a Europa, donde la demanda de cannabis medicinal y de cáñamo industrial está en aumento. Pero, en la práctica, los productores del Rif se enfrentan a la competencia de otros países productores, así como a unos precios regulados que no siempre cubren los costes de producción. La ANRAC ha concedido licencias a cooperativas de agricultores, pero el número sigue siendo reducido en comparación con el total de cultivadores de la región.
El contexto de seguridad también influye: la región del Rif ha sido históricamente escenario de tensiones entre las autoridades y los productores de cannabis. La legalización pretendía reducir el conflicto, pero la falta de resultados concretos alimenta el descontento entre una población que esperaba una mejora real de sus condiciones de vida. Mientras tanto, el mercado negro sigue siendo el principal canal de comercialización para la mayoría de los agricultores, según fuentes locales.
Para España, vecino cercano de Marruecos y puerta de entrada del cannabis en Europa, la evolución de esta reforma tiene un interés estratégico. Un eventual éxito del modelo marroquí podría reducir el tráfico ilegal a través del Estrecho, pero también supondría una competencia para los productores europeos de cannabis medicinal. De momento, la promesa de desarrollo para el Rif sigue siendo más un anhelo que una realidad tangible.




