El flujo neto de inversión extranjera directa (IED) en Marruecos alcanzó los 23,32 mil millones de dírhams marroquíes (MMDH) a cierre de mayo, lo que supone un incremento del 41,8% interanual, según datos de la Oficina de Cambios marroquí. El aumento refleja la creciente confianza inversora en el país norteafricano, que compite directamente con España por la atracción de proyectos industriales y logísticos en el Mediterráneo.

Las recetas de IED crecieron un 20%, hasta los 29,84 MMDH, mientras que los gastos se redujeron un 22,5%, situándose en 6,52 MMDH, según la misma fuente. Este diferencial positivo explica la aceleración del flujo neto, un indicador clave para medir la entrada real de capital foráneo en la economía marroquí.

Un imán para los inversores extranjeros

El auge de la IED en Marruecos se produce en un contexto de búsqueda de nuevas plataformas de producción y logística cercanas a Europa. El país ha logrado posicionarse como destino preferente para multinacionales de sectores como la automoción, la aeronáutica y las energías renovables, apoyado en acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y Estados Unidos, así como en una estabilidad política relativa en la región.

Este crecimiento contrasta con la evolución de la inversión extranjera en España, que en los últimos años ha perdido peso relativo frente a competidores del sur del Mediterráneo. La competencia por atraer capitales se ha intensificado, especialmente en ámbitos como la logística portuaria y la industria manufacturera, donde Marruecos ofrece costes laborales más bajos y una agresiva política de incentivos fiscales.

Los datos de la Oficina de Cambios marroquí confirman una tendencia que ya se venía observando en trimestres anteriores: el país magrebí capta cada vez más proyectos que antes se dirigían al arco mediterráneo español, lo que supone un desafío para la política de atracción de inversiones del Gobierno español.