El evento ‘The Great AI Divide’, celebrado el pasado 9 de junio durante la New York Tech Week en Nueva York, ha reunido a expertos y analistas para examinar la creciente concentración del poder en inteligencia artificial en dos polos: Estados Unidos y China. La cita ha puesto sobre la mesa los desafíos que esta bifurcación plantea para el resto del mundo, desde la dependencia tecnológica hasta la regulación y la soberanía digital.

Durante las sesiones, los participantes debatieron cómo la IA se ha convertido en un vector geopolítico clave, con Washington y Pekín compitiendo por el liderazgo en modelos fundacionales, chips y talento. Los organizadores señalaron que el objetivo era explorar posibles soluciones para que gobiernos y empresas de otros países puedan navegar entre ambos ecosistemas sin quedar atrapados en la rivalidad.

El foro, de un día de duración, contó con paneles sobre regulación, inversión y acceso a datos, y subrayó la necesidad de marcos internacionales que eviten una división digital permanente. Aunque no se anunciaron acuerdos concretos, el debate sirvió para visibilizar una preocupación creciente entre tecnólogos y diplomáticos presentes en la semana tecnológica neoyorquina.

Uno de los asistentes, un analista del sector, señaló que

el dominio de solo dos potencias en IA genera riesgos de dependencia tecnológica y falta de representación de los intereses del Sur Global.

La advertencia refleja una inquietud compartida en el encuentro: sin una gobernanza inclusiva, la brecha digital podría ensancharse.

Un desafío global

La concentración del poder en IA no solo afecta a la competencia económica, sino que también plantea interrogantes sobre la privacidad de los datos, la seguridad nacional y la autonomía regulatoria. Los expertos coincidieron en que la cooperación internacional es clave para evitar que la fractura tecnológica se convierta en una fuente de inestabilidad global.