Dos análisis publicados este martes ponen en cuestión el alarmismo en torno a la inteligencia artificial y el empleo, al tiempo que alertan de un cambio silencioso que podría estar debilitando la primera escalera de la carrera profesional en los países desarrollados.
Según los informes, el empleo agregado en las economías avanzadas se mantiene estable y no hay datos concluyentes de desempleo masivo provocado por la IA. Sin embargo, una transformación más sutil preocupa a los expertos: la reducción de puestos de baja cualificación o de entrada, aquellos que tradicionalmente sirven como trampolín para los jóvenes en el mercado laboral.
El mito del fin del trabajador del conocimiento
Una de las narrativas más extendidas es que los empleos administrativos y de oficina desaparecen, arrasados por la automatización inteligente. Los despidos en grandes tecnológicas han alimentado esa percepción. Pero los análisis sostienen que las cifras globales no avalan una catástrofe inminente: antes bien, se está produciendo una recomposición gradual de las tareas.
«El empleo agregado en los países desarrollados se mantiene en términos generales estable».
Esta estabilidad macro, sin embargo, oculta una brecha creciente entre los trabajadores altamente cualificados y aquellos que ocupan los primeros escalones de la carrera profesional. Estos últimos son los más expuestos a la sustitución parcial por herramientas de IA generativa, que ya realizan tareas de redacción, análisis básico de datos o atención al cliente.
La crisis silenciosa de los puestos de entrada
Los informes alertan de que la disminución de oportunidades para los recién llegados al mercado laboral puede tener consecuencias a largo plazo en la movilidad social y en la formación de capital humano. Sin esa primera experiencia laboral estructurada, los jóvenes podrían ver limitadas sus trayectorias profesionales antes incluso de comenzarlas.
Frente al discurso apocalíptico, los análisis proponen rediseñar las políticas de empleo y formación para adaptar los puestos de baja cualificación a un entorno donde la IA es una herramienta complementaria, no un sustituto total. La clave, concluyen, no está en resistirse a la tecnología, sino en gestionar la transición de manera que nadie quede atrás en el primer escalón.




