Analistas chinos han puesto de relieve la contradicción en la estrategia estadounidense respecto a la colaboración entre el sector privado y la defensa: Washington sanciona a gigantes tecnológicos chinos como Alibaba, Baidu y BYD por su supuesta vinculación militar, mientras que en Estados Unidos el Pentágono recurre cada vez más a empresas privadas para innovar en defensa. Según esta lectura, la postura estadounidense revela una doble moral y una paradoja geopolítica: ambas potencias dependen crecientemente de la innovación privada para obtener ventajas militares.
Una paradoja en la política de defensa estadounidense
El Departamento de Defensa de EE.UU. designó recientemente como entidades vinculadas al Ejército chino a varias empresas tecnológicas del país asiático, entre ellas el gigante del comercio electrónico Alibaba, el motor de búsqueda Baidu y el fabricante de vehículos eléctricos BYD. Estas inclusiones, que implican restricciones comerciales y de inversión, se basan en la acusación de que dichas empresas colaboran con el Ejército Popular de Liberación (EPL) en el desarrollo de tecnologías de doble uso civil-militar.
Sin embargo, desde la perspectiva de los analistas chinos, la Administración estadounidense incurre en la misma práctica que critica. El Pentágono mantiene una amplia red de contratos y asociaciones con empresas tecnológicas privadas como Google, Microsoft y Amazon Web Services, que suministran inteligencia artificial, computación en la nube y otras capacidades avanzadas para aplicaciones militares. Proyectos como la Joint Warfighting Cloud Capability (JWCC), adjudicado a estas empresas, demuestran una integración profunda entre el sector civil y la defensa en Estados Unidos.
El doble rasero en la colaboración militar-privada
Para los analistas chinos, la crítica estadounidense a la cooperación militar-tecnológica de Pekín es selectiva. La diferencia no radicaría en la existencia del vínculo, sino en quién lo gestiona: mientras que China promueve la integración civil-militar como parte de su estrategia de desarrollo, EE.UU. lo hace bajo un modelo de contratación público-privada tradicional.
La designación de Alibaba, Baidu y BYD, según esta lectura, busca presionar económicamente a Pekín y limitar su acceso a tecnologías clave, como semiconductores o baterías. No obstante, los analistas citados señalan que la medida podría ser contraproducente, ya que acelera los esfuerzos de China por alcanzar la autosuficiencia en estos sectores.
El informe destaca que BYD, por ejemplo, produce baterías y vehículos eléctricos que también tienen aplicaciones en drones militares o sistemas de vigilancia, mientras que Alibaba desarrolla inteligencia artificial para logística y reconocimiento facial aplicable a objetivos de defensa. En EE.UU., empresas como Tesla o Palantir realizan funciones similares sin ser sancionadas.
Implicaciones para el equilibrio tecnológico global
Este análisis refleja la creciente tensión entre la globalización tecnológica y la seguridad nacional. La decisión de Washington de señalar a estas empresas chinas se enmarca en una política más amplia de contención al ascenso tecnológico de China, que incluye sanciones a empresas de semiconductores, restricciones a la inversión y bloqueos a la transferencia de tecnología.
Mientras tanto, la dependencia mutua entre el sector privado y la defensa no es exclusiva de China. El Pentágono ha multiplicado sus contratos con startups de Silicon Valley a través del programa Defense Innovation Unit (DIU), con el objetivo de mantener la superioridad tecnológica militar. La diferencia radica en que, en EE.UU., estas colaboraciones se presentan como una virtud del libre mercado, mientras que en China se denuncian como una intromisión estatal en la economía.
Los analistas chinos concluyen que esta contradicción expone la naturaleza política de las sanciones: no se trata de prohibir la colaboración militar-privada, sino de debilitar a los competidores tecnológicos de Estados Unidos. En este contexto, la designación de Alibaba, Baidu y BYD es solo un episodio más en la guerra tecnológica entre las dos mayores economías del mundo.




