Seis meses después de que los rebeldes ocuparan brevemente la ciudad de Uvira, en la República Democrática del Congo, la guerra se ha instalado en la puerta de Burundi. La vecina Bujumbura, capital burundesa situada al otro lado del lago Tanganica, vigila con atención la evolución de la crisis, según fuentes diplomáticas consultadas este jueves.

La caída de Uvira, ocurrida a finales de 2025, rompió el frágil equilibrio en la región de los Grandes Lagos. Aunque la ciudad ha recuperado una calma precaria, la presencia de grupos armados y la falta de control efectivo por parte de las autoridades congoleñas han convertido la frontera en un polvorín. Bujumbura teme que la violencia se desborde hacia su territorio o que se generen flujos de desplazados que sobrecarguen sus limitados recursos.

Una crisis regional con eco en Europa

La extensión del conflicto en la RDC no solo preocupa a los países vecinos. Desde Bruselas, fuentes diplomáticas han señalado que la inestabilidad en la región podría disparar las migraciones hacia el norte de África y, eventualmente, hacia Europa. El lago Tanganica, que conecta la RDC con Burundi, Tanzania y Zambia, es una ruta utilizada por traficantes de personas y armas.

El gobierno burundés ha reforzado la vigilancia en la frontera lacustre y ha solicitado apoyo logístico a la Misión de la ONU en la RDC (MONUSCO), aunque sin éxito hasta la fecha. La comunidad internacional, según las mismas fuentes, no ha logrado articular una respuesta coordinada que contenga la expansión del conflicto, lo que incrementa el riesgo de una crisis humanitaria y migratoria que afecte directamente a Europa.