La Convención sobre Armas Convencionales (CCW, por sus siglas en inglés), el foro internacional que debate la regulación de los sistemas autónomos letales, ha celebrado sus sesiones bianuales en la sede de Naciones Unidas en Ginebra. Lo que hace una década eran discusiones sobre un futuro hipotético se ha convertido en un asunto urgente: la guerra con sistemas autónomos letales ya está aquí, según los participantes.
Branka Marijan, investigadora que asistió a la convención en noviembre de 2017, recordó que entonces las sesiones de cinco días se centraban en especulaciones sobre un mundo donde la guerra se libraría con robots asesinos. Ocho años después, el escenario ha cambiado drásticamente: varios conflictos activos ya emplean sistemas autónomos o semiautónomos en el campo de batalla, lo que ha precipitado el debate regulatorio.
La CCW es el principal foro diplomático para abordar la cuestión, pero las negociaciones avanzan lentamente. Las potencias tecnológicas y militares, incluidas Estados Unidos, China y Rusia, tienen posturas divergentes sobre el alcance de una posible prohibición o limitación. Mientras algunos abogan por una moratoria total, otros defienden su uso bajo supervisión humana.
El secretario general de la ONU, António Guterres, ha calificado los sistemas autónomos letales como «políticamente inaceptables y moralmente repulsivos», según fuentes de la organización. Sin embargo, la falta de consenso entre las grandes potencias dificulta un tratado vinculante. Organizaciones de la sociedad civil y numerosos expertos urgen a alcanzar un acuerdo antes de que la tecnología supere la capacidad de control humano.




