La evasión de sanciones internacionales por parte de Rusia y Corea del Norte ha dejado de ser una serie de incidentes aislados para convertirse en un sistema de diseño deliberado, según un análisis publicado en War on the Rocks. El artículo, firmado por expertos en inteligencia financiera, desvela cómo la denominada «flota en la sombra» —buques no asegurados, con cambios frecuentes de bandera y propiedad opaca— opera en rutas marítimas que conectan Corea del Norte (Pyongyang) con el puerto ruso de Primorsk.
Un sistema heredado y perfeccionado
El análisis señala que los barcos sancionados o interceptados son solo la punta visible de una estructura mayor. Corea del Norte desarrolló estas técnicas durante años bajo presión internacional, y Rusia las ha refinado a escala industrial. «Rara vez pasa una semana sin una nueva historia sobre la flota en la sombra rusa: petroleros que se incendian en el Mediterráneo, son agregados a listas de sanciones o abordados en aguas europeas», recoge el artículo. «Pero la historia más importante no son los barcos que son capturados, sino aquellos que no lo son: barcos que se mueven entre registros, puertos, empresas pantalla y proveedores de servicios que ocultan sus vínculos con Rusia mientras mantienen a flote a un Estado sancionado».
La flota en la sombra se compone de buques que transfieren petróleo, carbón y armas entre ambos países, utilizando rutas marítimas controladas por intermediarios no sujetos a las restricciones occidentales.
Según fuentes de inteligencia naval citadas en el informe, decenas de buques realizan travesías regulares desde el puerto norcoreano de Nampo hasta Primorsk, en el extremo oriente ruso. Las cargas incluyen munición de artillería, misiles y combustible, en una relación simbiótica que sostiene las capacidades militares de ambos regímenes.
Transferencias opacas y blindaje financiero
El sistema se apoya en una red de empresas fantasma registradas en paraísos fiscales y en la utilización de seguros fraudulentos o inexistentes, lo que dificulta la trazabilidad de las transacciones. «Los buques de la flota sombra operan sin seguros convencionales, lo que los convierte en un riesgo ambiental y financiero, pero también en un activo difícil de rastrear para los reguladores», explica el análisis. Las transferencias de fondos se realizan a través de criptomonedas y canales bancarios paralelos, eludiendo el sistema SWIFT.
El artículo concluye que, mientras las potencias occidentales centran sus esfuerzos en sancionar buques individuales, la arquitectura sistémica de la evasión —con nodos en Asia, Oriente Medio y el sur de Europa— sigue operando con eficacia. La falta de una coordinación internacional más ágil permite que estas rutas se mantengan activas, desafiando el régimen de sanciones impuesto por Estados Unidos y la Unión Europea.




