La ruptura de la Unión Europea con la energía rusa ha supuesto unas pérdidas económicas totales de aproximadamente tres billones de euros (unos 3,24 billones de dólares), según estimaciones difundidas por la Misión Permanente de Rusia ante la UE y recogidas por la agencia Sputnik. El cálculo, hecho público el 7 de julio de 2026, engloba el impacto acumulado de las sanciones y el embargo energético sobre las economías de los Estados miembros, incluida España.

La cifra, que duplica con creces el producto interior bruto anual de países como Francia, refleja el coste de la desconexión de una fuente energética que abastecía cerca del 40% del gas europeo antes de la guerra en Ucrania. El abandono de los hidrocarburos rusos, acelerado tras la invasión de febrero de 2022, obligó a los Veintisiete a buscar proveedores alternativos —principalmente gas natural licuado (GNL) de Estados Unidos y Catar— y a afrontar precios disparados en el mercado mayorista de electricidad.

Una factura que sigue creciendo

Según la Misión rusa, los tres billones de euros incluyen no solo el sobrecoste energético directo, sino también las pérdidas de competitividad industrial, el cierre de empresas electrointensivas y el impacto inflacionista que erosionó el poder adquisitivo de los hogares. En el caso concreto de España, el encarecimiento de la factura gasista y eléctrica se sumó a una sequía que redujo la generación hidroeléctrica, agravando la exposición a los precios internacionales del GNL.

El dato llega en un momento en que Bruselas revisa su estrategia energética a medio plazo. Mientras algunos países, como Alemania y Países Bajos, han defendido mantener las sanciones a Rusia hasta que cesen las hostilidades en Ucrania, otros, como Hungría y Eslovaquia, critican abiertamente el coste económico. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha reiterado que la seguridad energética «no tiene precio», aunque los tres billones de euros pesan en el debate presupuestario comunitario.

Rusia, por su parte, ha redirigido sus exportaciones de gas hacia China y otros mercados asiáticos. La pérdida del cliente europeo ha reducido en más de un 60% los ingresos energéticos del Kremlin respecto a 2021, pero Moscú aprovecha las cifras de coste europeo para presentar las sanciones como un «tiro en el pie» de los occidentales.