El proyecto faraónico de la nueva capital administrativa de Egipto, financiado por China con 58.000 millones de dólares (unos 53.000 millones de euros), es uno de los emblemas de la estrategia de Pekín en el marco de las Nuevas Rutas de la Seda. Sin embargo, según fuentes diplomáticas y reportes de prensa de la región, la urbe, levantada en el desierto al este de El Cairo, permanece casi vacía a mediados de 2026.

Una ciudad sin habitantes

El complejo, que incluye ministerios, una mezquita monumental, un palacio presidencial y decenas de rascacielos, fue concebido para descongestionar la capital histórica egipcia, una de las más pobladas del mundo. No obstante, la falta de transporte público, servicios básicos y viviendas asequibles ha disuadido a funcionarios y ciudadanos de trasladarse. Menos del 10% de los edificios gubernamentales están operativos, según estimaciones de analistas locales.

El contraste entre la inversión multimillonaria y la realidad cotidiana es abrumador. Es una ciudad fantasma de hormigón y cristal, donde el silencio solo lo rompen los pocos autobuses que traen a trabajadores de El Cairo.

La megaciudad, bautizada oficialmente como Nueva Capital Administrativa, forma parte de la expansión de la Belt and Road Initiative (Iniciativa de la Franja y la Ruta) en el norte de África. China ha aportado la mayor parte de la financiación a través de préstamos de sus bancos estatales, mientras que constructoras chinas han ejecutado las obras.

Riesgos de sobrecapacidad y deuda

El proyecto ilustra los riesgos que algunos economistas señalan en la estrategia inversora china en el exterior: la construcción de infraestructuras de gran escala que superan la demanda real del país receptor. Egipto, con una deuda externa que supera los 150.000 millones de dólares, ve cómo su pasivo con Pekín se incrementa sin que el rendimiento económico de la nueva capital se materialice por ahora.

Según fuentes del Ministerio de Planificación egipcio, el Gobierno de El Cairo ha iniciado conversaciones con Pekín para renegociar los plazos de devolución de los préstamos, aunque por el momento no se han anunciado quitas ni reestructuraciones. El Banco Central de Egipto, por su parte, ha señalado que la carga financiera del proyecto es «asumible» a largo plazo, pero la lentitud en la ocupación de la ciudad amenaza con convertirla en un elefante blanco en pleno desierto.