El concepto de los drones acompañantes (wingmen) no tripulados, diseñados para operar en equipo con cazas tripulados, se ha convertido en una de las apuestas centrales para la superioridad aérea de las próximas décadas. Un análisis de la industria de defensa estadounidense y de otras fuerzas militares del mundo traza la evolución de esta tecnología, que promete cambiar la naturaleza del combate aéreo.

El manned-unmanned teaming (equipos tripulados-no tripulados) parte de la premisa de que un caza con piloto, como el F-35 o el futuro NGAD, puede dirigir a varios drones de combate que actúan como escoltas, sensores avanzados o lanzadores de municiones. Estos drones, más baratos y prescindibles que los cazas tripulados, podrían saturar las defensas enemigas o explorar zonas de alto riesgo sin poner en peligro a un piloto.

Dentro de la industria de defensa de Estados Unidos, el concepto ha evolucionado desde simples demostraciones tecnológicas a programas concretos como el CCA (Collaborative Combat Aircraft) de la Fuerza Aérea, que ya ha realizado vuelos de prueba. Se espera que los primeros drones operativos entren en servicio a finales de esta década, según fuentes del sector citadas en el análisis. El Pentágono ha destinado partidas multimillonarias al desarrollo de estas aeronaves, con el objetivo de desplegar flotas de cientos de drones para la década de 2030.

Aliados clave, como el Reino Unido y Australia, también avanzan en programas similares. El Reino Unido desarrolla el Tempest dentro del programa GCAP (Global Combat Air Programme), que incluye capacidades de control de drones. Australia, por su parte, ha probado el dron Loyal Wingman (fiel acompañante) de Boeing, diseñado para volar junto a los cazas de la Real Fuerza Aérea Australiana.

En el lado de los adversarios, China y Rusia han mostrado prototipos y ensayos con drones de combate que podrían integrarse con sus cazas de quinta generación. China ha exhibido el dron GJ-11 Sharp Sword, un modelo furtivo que podría operar junto al J-20, mientras que Rusia ha probado el S-70 Okhotnik (cazador) como acompañante del Su-57. Aunque ambos programas están menos avanzados que los estadounidenses, reflejan que la carrera por los wingmen no tripulados es global.

El análisis también señala que los desafíos técnicos siguen siendo significativos, especialmente en inteligencia artificial para la toma de decisiones autónomas, comunicaciones seguras y la integración de sensores. El factor humano también es crítico: los pilotos deben confiar en un socio no tripulado, lo que requiere una formación específica y nuevos procedimientos tácticos.

Pese a las dificultades, la dirección es clara. La superioridad aérea futura dependerá de la capacidad de combinar lo mejor de ambos mundos: la flexibilidad y el juicio del piloto humano con la resistencia y la letalidad de los drones. La evolución del concepto de drones wingmen, desde las visiones de la ciencia ficción hasta los programas reales de defensa, muestra que la colaboración tripulada-no tripulada ya no es una posibilidad, sino un objetivo militar concreto en Estados Unidos y en todo el mundo.