La Antártida Occidental está registrando temperaturas hasta 45 grados Fahrenheit (unos 7,2 °C) por encima de lo normal en pleno invierno austral, lo que está impidiendo la formación de hielo marino en la región, según datos de las estaciones de monitoreo antárticas. La anomalía térmica, reportada a mediados de junio de 2026, supone una señal alarmante de los efectos del calentamiento global en uno de los ecosistemas más sensibles del planeta.

Un invierno sin hielo en la Antártida Occidental

En pleno mes de junio, cuando la oscuridad polar cubre la Antártida Occidental y las temperaturas deberían estar en su punto más bajo, los termómetros han marcado valores propios de la primavera o el verano. La ausencia de formación de hielo marino en esta época del año es un fenómeno excepcional, según los científicos consultados por la prensa internacional. La región alberga la capa de hielo de la Antártida Occidental, una de las más vulnerables al cambio climático, cuyo colapso total podría elevar el nivel del mar en varios metros a lo largo de los próximos siglos.

Los datos proceden de múltiples estaciones de monitoreo automatizadas y satélites que vigilan la extensión y el grosor del hielo marino. La desviación de 45°F respecto a la media histórica es una de las mayores registradas en la región durante el invierno. Los científicos atribuyen el fenómeno a una combinación de vientos anómalos, corrientes oceánicas más cálidas de lo habitual y la tendencia general al calentamiento global inducido por las emisiones de gases de efecto invernadero.

Implicaciones globales

La falta de formación de hielo marino en invierno tiene consecuencias directas sobre el ecosistema antártico: afecta a las especies que dependen del hielo, como el krill y los pingüinos, y altera los patrones de circulación oceánica y atmosférica. Pero el mayor riesgo a largo plazo es la desestabilización de la capa de hielo terrestre, que descansa sobre roca firme pero que pierde protección al desaparecer el hielo marino, lo que acelera su deslizamiento hacia el océano. Los científicos advierten de que, si las temperaturas siguen esta tendencia, el aumento del nivel del mar podría acelerarse, amenazando a ciudades costeras de todo el mundo.