El jueves 11 de junio, el Gobierno de Estados Unidos y la Guardia Revolucionaria iraní ofrecieron versiones contradictorias sobre el estado del estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que transita el 20% del petróleo mundial. Mientras Washington aseguró que algunos buques comerciales siguen cruzando, Teherán declaró cerrado el paso tras lanzar ataques contra bases estadounidenses en Kuwait, Jordania y Baréin.

La versión iraní

El portavoz de la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico de Irán afirmó, en declaraciones recogidas por France 24, que

No hemos cerrado el estrecho, son acusaciones falsas de EE.UU.

Sin embargo, fuentes del Pentágono indicaron que la navegación se ha reducido drásticamente y que varios cargueros han optado por rutas alternativas ante la amenaza latente.

Implicaciones para España

La tensión en Ormuz tiene un impacto directo en la economía española. España importa de la región cerca del 15% de su crudo, según datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos. La incertidumbre ya se ha reflejado en un repunte del precio del barril de Brent, que superó los 85 dólares este jueves, y en un aumento de la prima de riesgo geopolítico sobre los seguros de transporte marítimo en el golfo Pérsico.

El ministerio de Transición Ecológica español sigue de cerca la evolución del conflicto y no descarta activar mecanismos de coordinación con la Agencia Internacional de la Energía si la situación se agrava. Por ahora, el Gobierno iraní permite el paso de un número limitado de buques bajo escolta, pero la contradicción entre ambas capitales mantiene en vilo a los mercados energéticos.