Kirguistán ha logrado un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU para el período 2027-2028 tras imponerse a Filipinas en una votación celebrada el miércoles 3 de junio en la Asamblea General de Naciones Unidas. La candidatura de la república centroasiática, que partía como favorita pese a su menor peso diplomático, obtuvo 142 votos frente a los 49 de Filipinas en la cuarta ronda, después de superar el primer escrutinio con 105 votos contra 85.
El resultado supone un revés para la tradicional influencia de los países del Sudeste Asiático en el organismo multilateral, y refuerza la creciente presencia de Estados euroasiáticos en los foros globales. Fuentes diplomáticas consultadas por la agencia rusa TASS señalaron que la victoria kirguís refleja un realineamiento de bloques dentro de la Asamblea General, donde las naciones de Asia Central han ido ganando apoyos en los últimos años.
Un escaño para el Grupo Asia-Pacífico
Kirguistán ocupará el escaño reservado al Grupo de Estados de Asia-Pacífico, uno de los cinco grupos regionales de la ONU. Su elección se produce un año después de que Kazajistán presidiera el Consejo de Seguridad y en un contexto en el que China y Rusia han impulsado la candidatura de sus socios de la Organización de Cooperación de Shanghái para equilibrar la representación occidental en el máximo órgano de decisión de Naciones Unidas.
El Ministerio de Exteriores kirguís emitió un comunicado en el que calificó la votación de «hito histórico» y agradeció a los Estados miembros su confianza. Por su parte, Filipinas reconoció la derrota y, según declaró su representante ante la ONU, el país
continuará trabajando por la paz y la seguridad internacionales desde otros foros
Analistas internacionales señalan que el triunfo de Kirguistán evidencia «el ascenso silencioso de Eurasia» en la arquitectura de gobernanza global, un fenómeno que desafía el dominio tradicional de Estados Unidos y sus aliados en el Consejo de Seguridad. Para mantenerse vigente en un mundo con más actores, el multilateralismo deberá adaptarse a esta nueva realidad, en la que potencias medias como Turquía, Emiratos Árabes Unidos o los propios Estados centroasiáticos reclaman mayor protagonismo.




