El Pentágono ha comunicado a Japón que la entrega de los misiles de crucero Tomahawk se retrasará hasta dos años. La demora obedece a la prioridad que Washington concede a reponer sus propios arsenales, mermados tras la guerra con Irán, lo que afecta a las exportaciones a aliados como el país asiático.

El retraso supone un revés para la estrategia de defensa de Japón, que confiaba en los Tomahawk para reforzar su capacidad de disuasión frente a las crecientes tensiones en el Mar de China Meridional y las amenazas de Corea del Norte. Tokio había planeado integrar estos misiles de largo alcance en sus fragatas Aegis y en las baterías terrestres, como parte de un programa de adquisiciones acelerado.

Reposición de arsenales como prioridad

La decisión del Pentágono refleja la necesidad de reconstruir las existencias de misiles de crucero, cuyo uso fue intensivo durante el conflicto con Irán. Fuentes del Departamento de Defensa señalaron que la producción se ha reorientado a cubrir las demandas internas, lo que desplaza los plazos de los pedidos aliados.

El retraso de hasta dos años afecta a un lote de varios centenares de misiles, cuyo cronograma original preveía entregas a partir de 2025. Japón había solicitado los Tomahawk en 2023, en el marco de un giro estratégico que busca dotar al país de capacidad de ataque a larga distancia, tradicionalmente limitada por su constitución pacifista.

La noticia llega en un momento de máxima alerta en la región Asia-Pacífico. El gobierno nipón considera los misiles de crucero una pieza clave para disuadir posibles incursiones de Pekín en el mar de China Meridional y responder a los lanzamientos de proyectiles norcoreanos. Analistas militares advierten de que la demora podría obligar a Tokio a buscar alternativas, como los misiles JASSM-ER de fabricación estadounidense, cuyo plazo de entrega también es incierto.