El ministro japonés de Agricultura, Silvicultura y Pesca ha visitado la plataforma industrial de Jorf Lasfar, en Marruecos, en un desplazamiento que refuerza la apuesta de Tokio por asegurarse el acceso a los fosfatos, materia prima esencial para la producción de fertilizantes. La visita, que trasciende el protocolo diplomático ordinario, evidencia la competencia por un recurso cada vez más estratégico en el tablero agrícola mundial.
Marruecos es el principal exportador mundial de fosfatos y su empresa estatal OCP (Office Chérifien des Phosphates) controla una parte significativa de las reservas globales. La instalación de Jorf Lasfar es uno de los centros neurálgicos de su industria de fertilizantes, con capacidad para producir millones de toneladas al año. La visita del ministro nipón a este complejo subraya el interés japonés por reforzar los lazos comerciales con el reino alauí, en un sector clave para la seguridad alimentaria de Japón, que depende en gran medida de las importaciones de fertilizantes.
El acercamiento entre Rabat y Tokio se produce en un contexto de pugna diplomática y comercial por el mercado de fertilizantes que afecta directamente a los intereses agrícolas españoles. España, que también importa fosfatos marroquíes, compite con otros países europeos y asiáticos por asegurarse contratos estables con el reino norteafricano. La deriva projaponesa de Marruecos podría dejar en una posición de desventaja a los agricultores y empresas españolas del sector.
El movimiento de Tokio se suma a una estrategia marroquí de diversificación de socios que en los últimos años ha estrechado lazos con potencias como China, Rusia y ahora Japón, mientras las relaciones con la Unión Europea y en particular con España atraviesan momentos de tirantez. La visita del ministro japonés a Jorf Lasfar es el último episodio de una partida geopolítica en la que los fertilizantes se han convertido en un arma de influencia regional y global.




