La Fuerza Aérea de Israel (IAF) ha decidido equipar sus cazas furtivos F-35I Adir con tanques de combustible externos, un movimiento que reabre el debate entre la necesidad de mantener la capacidad furtiva y la de ampliar el alcance operativo. La medida, adelantada por la IAF el 20 de mayo de 2026, busca dotar a la flota de mayor autonomía para misiones de largo alcance sin comprometer por completo las capacidades de baja observabilidad.
Israel se convierte así en uno de los primeros operadores del F-35 en explorar esta vía, que podría sentar precedente para otras fuerzas aéreas aliadas. La decisión implica un equilibrio técnico complejo: los tanques externos aumentan la firma radar del avión, reduciendo su sigilo, pero ofrecen un incremento sustancial del radio de combate. Según fuentes de la IAF, los tanques se instalarían en los puntos de anclaje subalares, y su uso se limitaría a fases de tránsito, desechándose antes de entrar en zonas de alta amenaza.
Un dilema estratégico con impacto en doctrinas aliadas
El programa israelí reaviva un dilema que también afecta a otras fuerzas aéreas, incluida la española. España opera una flota de Eurofighter y ha iniciado el desarrollo del programa FCAS (Futuro Sistema Aéreo de Combate), donde el equilibrio entre sigilo y alcance es una de las variables clave. La solución israelí, que podría recurrir a contratistas locales para el diseño de los tanques, será observada con atención en los cuarteles generales europeos.
El F-35I Adir es la versión israelí del caza estadounidense, con modificaciones en sistemas electrónicos y de guerra electrónica. Israel ha sido el primer país en recibir autorización para integrar armamento propio en el F-35, y ahora podría convertirse también en pionero en la integración de tanques externos. La IAF no ha revelado plazos concretos ni el número de aparatos que recibirán la modificación.
El precio del sigilo
El debate entre sigilo y alcance no es nuevo en la aviación militar. Los F-35 fueron diseñados para operar en entornos de alta amenaza donde la baja observabilidad es crítica, pero con un alcance considerado insuficiente para algunos escenarios, especialmente en teatros como el Pacífico o Oriente Próximo. La solución de tanques externos permite compensar esa limitación, aunque a costa de exponer la aeronave a un mayor riesgo de detección.
Analistas militares consultados señalan que la decisión israelí refleja la necesidad de cubrir distancias superiores a los 1.500 kilómetros en misiones contra objetivos iraníes u otros alejados de las fronteras israelíes. El desarrollo de estos tanques, que deberán ser compatibles con las bahías internas de armas y el sistema de gestión de vuelo del F-35, representa un reto técnico que Israel parece dispuesto a asumir en solitario si Lockheed Martin no ofrece una solución oficial.




