El Gobierno israelí reiteró este 26 de junio que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) seguirán ocupando la denominada zona de seguridad en el sur del Líbano, una franja que el Estado judío ha ido ampliando hasta abarcar entre 570 y 600 kilómetros cuadrados a lo largo de la frontera entre ambos países. El anuncio supone un incumplimiento de lo pactado y prolonga la tensión en la región.
Ocupación unilateral y reacciones
Israel justifica la ocupación como necesaria para su seguridad frente a posibles ataques desde territorio libanés. La decisión afecta directamente a la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en Líbano (FINUL), misión de paz en la que participa España. La ampliación de la zona ocupada, que ya supera los 570 kilómetros cuadrados, genera inquietud entre los países que aportan tropas a la FINUL.
Hezbolá, el partido-milicia chií libanés, ha condenado la medida y advierte de que la ocupación continuada podría derivar en nuevos enfrentamientos. La escalada verbal aumenta en la frontera norte de Israel, donde las FDI mantienen un despliegue significativo desde la guerra de 2024.
Implicaciones para la estabilidad regional
La decisión israelí se produce en un contexto de alto el fuego frágil tras los combates de 2024. La ONU ha instado en repetidas ocasiones a Israel a retirarse del sur libanés, subrayando que la ocupación viola la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad, que puso fin a la guerra de 2006 entre Israel y Hezbolá. La FINUL, con unos 10.000 efectivos, tiene el mandato de supervisar el cese de hostilidades y apoyar a las fuerzas armadas libanesas en el sur del país.
La negativa israelí a retirar tropas agrava la crisis diplomática con Líbano y podría complicar las relaciones con los países que contribuyen a la FINUL, entre ellos España, Francia e Italia. El Gobierno de Israel, por su parte, insiste en que no pondrá en riesgo su seguridad y que la decisión responde a amenazas reales desde el otro lado de la frontera.




