El jefe de la Fuerza Aérea israelí reveló que un ataque masivo contra Irán que involucraba a toda la flota aérea fue cancelado la semana pasada, después de que Irán emitiera señales de advertencia. La confesión, realizada en una reunión interna filtrada a medios locales, supone un giro en la narrativa oficial de Israel sobre el reciente intercambio de golpes con la República Islámica.
Según la fuente, el ataque fue suspendido después de que Irán llevara a cabo un bombardeo en el norte de Israel en respuesta a ataques previos israelíes. Israel sí lanzó ataques contra Irán tras la represalia iraní, pero las dimensiones del operativo cancelado, que habría implicado a toda la Fuerza Aérea, indican que el gabinete de seguridad israelí, encabezado por el primer ministro Benjamin Netanyahu, optó por una respuesta limitada tras percibir el riesgo de una escalada mayor.
El anuncio se produce en un contexto de escalada creciente entre Israel e Irán durante las últimas semanas, con múltiples ataques y contraataques dentro de territorio sirio e iraní. La revelación sugiere que, pese a la retórica beligerante de algunos sectores del Gobierno israelí, existió en el seno del estamento militar y político un cálculo de que un bombardeo masivo contra Irán podría desencadenar una guerra regional de consecuencias impredecibles. Irán, que nunca ha confirmado oficialmente las señales a las que alude el jefe militar israelí, ha reiterado que respondería con contundencia a cualquier agresión. La cancelación del ataque masivo representa un episodio poco común de autolimitación en la estrategia israelí hacia Irán, que durante años ha mantenido una campaña de ataques selectivos contra objetivos iraníes en Siria y ataques clandestinos dentro del propio Irán.
Implicaciones para el equilibrio regional
El jefe de la Fuerza Aérea israelí hizo estas declaraciones durante un acto interno, cuyos detalles fueron filtrados a la prensa hebrea. En ellas, reconoció que el ataque planeado, que habría supuesto la mayor operación aérea israelí contra Irán desde la guerra del Golfo, fue suspendido en el último momento, una decisión que algunos analistas interpretan como una muestra de la disuasión iraní y de la complejidad de la toma de decisiones en el conflicto asimétrico entre ambos países. La noticia ha provocado un intenso debate en los círculos políticos y militares israelíes, entre quienes consideran que se perdió una oportunidad de asestar un golpe decisivo a las capacidades nucleares y militares iraníes, y quienes defienden que la prudencia evitó una conflagración descontrolada. Por su parte, Irán aún no se ha pronunciado oficialmente sobre la revelación, aunque fuentes próximas al régimen han señalado a medios locales que Teherán estaba preparado para una respuesta devastadora en caso de que el ataque se hubiera ejecutado.
La revelación se suma a otros episodios recientes de filtraciones sobre la planificación militar israelí, en un contexto de tensión máxima tanto en la frontera norte con Líbano y Siria como en el frente iraní. Israel e Irán han librado una guerra no declarada durante años, pero la escala del ataque cancelado sugiere que en esta ocasión se estuvo más cerca de un conflicto abierto que en ningún otro momento desde la Revolución Islámica de 1979. La decisión de Netanyahu de no autorizar el bombardeo masivo, según las filtraciones, fue tomada
tras consultar con el gabinete de seguridad y sopesar las señales iraníes, que apuntaban a una represalia desproporcionada contra objetivos civiles y militares israelíes
, lo que habría forzado una respuesta a gran escala por parte de Estados Unidos, enredando aún más a Washington en la espiral de violencia regional.




