Los bancos centrales de Irán y Rusia han anunciado la integración de sus sistemas nacionales de pago en un plazo de dos meses, un movimiento que permitirá a los ciudadanos iraníes realizar compras en territorio ruso con tarjetas bancarias domésticas. La medida, comunicada el 17 de junio por el gobernador del Banco Central de Irán, Abdolnaser Hemmati, busca reducir la dependencia del sistema financiero occidental, particularmente de la red SWIFT y del dólar estadounidense, ante las sanciones internacionales que pesan sobre ambos países.
Una arquitectura financiera alternativa
La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia de Moscú y Teherán para construir canales de pago independientes que faciliten el comercio bilateral y con terceros países. Según Hemmati, la conexión directa entre los sistemas de pago iraní (Shetab) y ruso (Mir) permitirá transacciones en monedas locales, evitando intermediarios financieros sujetos a la jurisdicción de Estados Unidos y la Unión Europea.
Iran and Russia are set to finalize the integration of their national payment systems within two months, allowing Iranian citizens to make purchases in Russia using domestic bank cards.
La integración operativa, que se espera completar en dos meses, representa un paso tangible hacia la desdolarización de las economías sancionadas. Ambos países han intensificado sus lazos financieros y energéticos desde el inicio de la guerra en Ucrania en 2022, cuando las sanciones occidentales contra Rusia se multiplicaron e Irán ya enfrentaba un régimen restrictivo similar.
Implicaciones geopolíticas
El movimiento de Irán y Rusia se enmarca en una tendencia global de creación de infraestructuras financieras paralelas, impulsada también por China y otras potencias del grupo BRICS. Si bien la conexión Shetab-Mir no sustituye por completo al sistema SWIFT, sí ofrece un circuito cerrado para transacciones bilaterales que podría ampliarse a otros países como Venezuela, Corea del Norte o Bielorrusia, según analistas citados por el canal oficial ruso Sputnik.
La medida, no obstante, enfrenta desafíos técnicos y de escala: el volumen de transacciones entre ambos países es aún limitado comparado con el comercio mundial, y la capacidad de la red para manejar operaciones complejas con terceras monedas sigue siendo una incógnita. Pese a ello, el anuncio supone un avance simbólico y práctico en la construcción de una arquitectura financiera alternativa al dominio occidental.




