Un acuerdo en ciernes entre Irán y Estados Unidos permitiría el regreso de inspectores internacionales a las instalaciones nucleares iraníes, según fuentes próximas a la negociación. El pacto, que se perfila durante el mes de julio de 2026, busca restablecer los controles de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA) tras el colapso del acuerdo nuclear de 2015, del que Washington se retiró en 2018.

Expertos en no proliferación consultados consideran que la verificación técnica de las actividades nucleares iraníes es factible desde el punto de vista científico y logístico. «Los mecanismos de vigilancia y muestreo existen y han funcionado en el pasado», señalan. «El problema no es técnico, sino político», añaden, aludiendo a la desconfianza mutua y a las tensiones regionales que han marcado la relación bilateral en los últimos años.

El posible acuerdo implicaría que Irán permita inspecciones sorpresa y acceso a instalaciones no declaradas, un punto que fue objeto de controversia durante la vigencia del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA). A cambio, Estados Unidos suavizaría parte de las sanciones económicas que pesan sobre Teherán, cuya economía se ha visto gravemente afectada.

La comunidad internacional observa con atención las conversaciones, que tienen lugar en un contexto de mayor actividad diplomática en Oriente Próximo. La Unión Europea, que actuó como coordinadora del acuerdo original, podría desempeñar un papel de garante si el pacto se materializa. España, como socio europeo, seguiría de cerca las implicaciones para la seguridad energética y la no proliferación.

No obstante, las fuentes reconocen que persisten «dudas políticas considerables» sobre la voluntad real de ambas partes de implementar el acuerdo. En Washington, sectores del Congreso se oponen a cualquier concesión a Teherán, mientras que en Irán, facciones conservadoras rechazan las inspecciones por considerarlas una intromisión en la soberanía nacional.