El jefe de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, Ibrahim Azizi, ha declarado este viernes que el país no planea trasladar uranio enriquecido fuera de sus fronteras, en una muestra de firmeza ante las posibles demandas internacionales vinculadas a su programa nuclear. La declaración, hecha a la agencia rusa Sputnik, se produce en un contexto de creciente tensión con Occidente por el avance de las capacidades atómicas de Teherán.

Un rechazo a las presiones externas

Azizi afirmó categóricamente que «Irán no tiene previsto trasladar uranio enriquecido fuera del país», subrayando la soberanía de la República Islámica sobre su combustible nuclear. La postura supone un desafío directo a las resoluciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y a los esfuerzos diplomáticos de Estados Unidos y la Unión Europea por limitar el enriquecimiento iraní.

Irán mantiene actualmente un nivel de enriquecimiento de hasta el 60%, muy cercano al 90% necesario para fabricar armas atómicas. Aunque Teherán insiste en el carácter civil de su programa, la comunidad internacional teme que el país busque desarrollar un arsenal nuclear. El traslado de uranio al exterior ha sido una de las demandas recurrentes de las potencias occidentales en las negociaciones para reactivar el acuerdo nuclear de 2015, conocido como JCPOA.

Un pulso con Occidente

La negativa iraní llega después de que el OIEA informara en su último informe trimestral de que Irán ha seguido aumentando sus reservas de uranio enriquecido, superando con creces los límites establecidos en el pacto nuclear. El Gobierno de Estados Unidos ha advertido de que no permitirá que Teherán cruce el umbral nuclear, mientras que la Unión Europea mantiene abiertos canales diplomáticos para buscar una solución negociada.

Irán no tiene previsto trasladar uranio enriquecido fuera del país.

La declaración de Azizi se interpreta como un intento de reforzar la posición negociadora iraní de cara a una posible vuelta a la mesa de diálogo. Durante los últimos meses, las conversaciones entre Irán y las potencias mundiales han estado estancadas debido a la exigencia de Teherán de que se levanten todas las sanciones económicas impuestas por Washington.

El programa nuclear iraní sigue siendo uno de los principales focos de tensión en Oriente Próximo, con implicaciones para la seguridad regional y la no proliferación. Israel, considerado el principal enemigo regional de Irán, ha reiterado que no aceptará un Irán con capacidad nuclear y no descarta una acción militar preventiva.