El Gobierno de Irán ha oficializado los límites administrativos de supervisión del Estrecho de Ormuz, un paso marítimo por el que transita cerca del 20% del consumo global de petróleo. La medida, anunciada el 21 de mayo de 2026 por las autoridades marítimas iraníes, formaliza el control de Teherán sobre una de las rutas energéticas más estratégicas del mundo y supone un endurecimiento de su posición frente a las potencias occidentales y los países del Golfo.
La decisión establece de forma explícita el área bajo jurisdicción iraní en el estrecho, que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán. Aunque Irán ya ejercía un control de facto sobre la vía, la nueva delimitación administrativa convierte en papel lo que hasta ahora era una práctica sustentada en la presencia militar y la capacidad de interrumpir el tránsito. Según fuentes del Ministerio de Defensa iraní, la medida busca blindar la soberanía nacional frente a lo que Teherán considera injerencias extranjeras en sus aguas territoriales.
La formalización llega en un momento de máxima tensión geopolítica en Oriente Próximo. Estados Unidos mantiene una importante presencia naval en la región y ha incrementado sus patrullajes junto a aliados como el Reino Unido y Baréin. Por su parte, los países del Consejo de Cooperación del Golfo, especialmente Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, ven con recelo cualquier movimiento que refuerce el control iraní sobre una arteria clave para sus exportaciones de crudo.
La nueva regulación iraní establece un perímetro de supervisión que incluye tanto las aguas superficiales como el lecho marino, así como el espacio aéreo sobre el estrecho.
El estrecho tiene una anchura mínima de unos 33 kilómetros, pero los carriles de navegación efectivos son mucho más estrechos, lo que lo convierte en un punto vulnerable ante cualquier bloqueo o incidente militar. Durante los últimos años, Irán ha realizado maniobras militares en la zona y ha amenazado con cerrar el paso en respuesta a sanciones o ataques contra sus intereses.
Analistas internacionales advierten de que la formalización de los límites podría desencadenar nuevas tensiones diplomáticas y militares. La administración estadounidense, según fuentes del Departamento de Estado, estudia una respuesta coordinada con sus aliados para evitar que la medida se traduzca en un control efectivo que pueda estrangular el suministro energético global. Por el momento, Irán ha señalado que la decisión es un asunto interno de soberanía y no ha mostrado disposición a negociarla.




