Irán ha lanzado misiles balísticos contra Kuwait y Bahréin, mientras que el Comando Central de Estados Unidos ha atacado instalaciones de radar iraníes en los alrededores del estrecho de Ormuz. La escalada regional, ocurrida el 6 de junio de 2026, amenaza con desestabilizar el golfo Pérsico y pone en riesgo la seguridad energética, según las autoridades implicadas.
El ataque iraní contra objetivos en Kuwait y Bahréin, dos aliados de Washington en la región, ha sido calificado por fuentes diplomáticas como una «grave violación de la soberanía» de ambos países. Teherán no ha ofrecido una justificación oficial, aunque fuentes de seguridad apuntan a una respuesta a las crecientes tensiones por el control de las rutas marítimas en el golfo.
Por su parte, el CENTCOM confirmó que sus fuerzas llevaron a cabo un ataque contra instalaciones de radar iraníes en las proximidades del estrecho de Ormuz, alegando que albergaban drones kamikaze que representaban una amenaza para el tráfico marítimo. El estrecho, por el que transita aproximadamente el 20% del crudo mundial, es un punto crítico para el suministro energético global.
Repercusiones regionales y energéticas
La escalada militar entre Irán y Estados Unidos, con ataques directos contra países vecinos, ha disparado las alarmas en la comunidad internacional. Kuwait y Bahréin han condenado enérgicamente los bombardeos iraníes y han solicitado una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU. El gobierno español, que importa una parte significativa de su crudo de Oriente Próximo, ha mostrado su preocupación por la posible interrupción de los flujos energéticos a través de Ormuz.
Analistas internacionales advierten de que el conflicto podría extenderse si Teherán decide responder al ataque estadounidense contra sus radares. Hasta el momento, Irán no ha confirmado daños en sus instalaciones ni ha anunciado represalias adicionales.




