Irán lanzó el 8 de junio misiles contra Israel por primera vez desde el frágil alto el fuego alcanzado a principios de abril, en una escalada que amenaza con desbordar la región. El ataque iraní respondió a los continuos bombardeos israelíes contra Hezbolá en Líbano, que según Teherán violaban la tregua vigente.

La reconstrucción de Hezbolá como factor clave

Las Fuerzas Armadas iraníes confirmaron que los misiles iban dirigidos contra objetivos militares israelíes y que la ofensiva se daba por concluida tras esa primera oleada. No obstante, advirtieron de que podrían reanudar los ataques si Israel mantiene sus operaciones en territorio libanés. Israel respondió inmediatamente con ataques contra posiciones iraníes y prometió intensificar sus operaciones contra Hezbolá, según fuentes militares israelíes.

El contexto de la escalada se enmarca en la profunda transformación de Hezbolá tras el conflicto de 2023-2024. Según analistas regionales, el grupo libanés ha modificado su estructura de mando, comunicaciones y doctrina de combate para priorizar una guerra de desgaste contra Israel. Esta nueva estrategia, basada en ataques sostenidos desde el sur del Líbano, ha sido el detonante de la respuesta israelí, que a su vez provocó la intervención directa de Irán.

Por primera vez desde el frágil alto el fuego alcanzado a principios de abril, Irán lanzó misiles contra Israel, tal como había advertido, en respuesta a los continuos ataques israelíes contra Líbano pese a la tregua vigente.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha presionado a ambas partes para la desescalada. Según fuentes de la Casa Blanca, Washington teme que el conflicto se extienda a otros actores regionales y afecte a la seguridad de sus aliados. Hasta el cierre de esta edición, Irán e Israel han acordado detener los ataques, aunque la situación sigue siendo volátil.