El Gobierno iraní anunció el 18 de mayo de 2026 la creación de una entidad destinada a gestionar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y a cobrar un peaje por el paso de buques. La medida, unilateral y sin precedentes en la región, supone un desafío directo a la libertad de navegación en una de las rutas energéticas más críticas del planeta.

Por Ormuz transita aproximadamente el 20% del crudo global y el 25% del gas natural licuado (GNL), lo que convierte el control de este paso en una palanca geopolítica de primer orden. España, que importa una parte significativa de su petróleo y gas de Oriente Próximo, depende de la estabilidad de esta vía para su seguridad energética.

Un pulso a la comunidad internacional

La entidad anunciada por Teherán se encargaría de «gestionar» el tráfico y percibir los ingresos del peaje, según fuentes oficiales iraníes. Aunque no se han detallado las tarifas ni el mecanismo de cobro, la iniciativa representa una tentativa de ejercer soberanía sobre unas aguas que, aunque bañan las costas iraníes, son consideradas internacionales para la navegación.

Estados Unidos y sus aliados han calificado la medida de «provocación inaceptable». En paralelo, Arabia Saudí e Irak, principales exportadores de crudo que dependen de Ormuz, han mostrado su preocupación. La pregunta que sobrevuela los círculos diplomáticos es si Washington optará por la confrontación o por negociar un acuerdo que evite una crisis energética global.

Consecuencias económicas y energéticas

Un peaje iraní encarecería el transporte marítimo y podría disparar los precios del crudo y del gas en los mercados internacionales. Los países importadores, entre ellos España, se verían directamente afectados. El Gobierno español, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, sigue la situación con «máxima atención», según fuentes diplomáticas consultadas.

La medida se produce en un contexto de tensiones crecientes entre Irán y Occidente, tras el fracaso de las negociaciones nucleares y el endurecimiento de las sanciones estadounidenses. Analistas internacionales consideran que Teherán busca con esta jugada aumentar su capacidad de presión antes de una posible vuelta a la mesa de diálogo.