Una escalada bélica sin precedentes en el Golfo Pérsico ha hecho saltar por los aires cualquier vía diplomática entre Estados Unidos e Irán. El 3 de junio, un misil Hellfire lanzado por fuerzas estadounidenses impactó contra un petrolero comercial en las inmediaciones de la isla iraní de Kharg, el principal punto de exportación de crudo del país persa, que canaliza cerca del 90% de sus ventas al exterior.

Ataques en cadena desde el Golfo

En cuestión de horas, Irán respondió con un ataque con drones contra el Aeropuerto Internacional de Kuwait, abriendo un nuevo frente en la denominada ‘guerra de petroleros’ que amenaza con estrangular el tráfico energético mundial. También se ha informado de acciones contra objetivos en Baréin, aunque sin confirmación oficial por parte de las autoridades kuwaitíes.

Kuwait ha condenado la agresión iraní como «una violación flagrante de su soberanía» y ha elevado el nivel de alerta militar en todo el emirato, según fuentes diplomáticas consultadas por agencias internacionales. El aeropuerto fue cerrado temporalmente y los vuelos comerciales desviados a aeropuertos alternativos en Arabia Saudí.

El estrecho de Ormuz, en el punto de mira

El estrecho de Ormuz, por donde transitan unos 17 millones de barriles de crudo al día, equivalente al 20% del consumo global, se ha convertido en el epicentro de la tensión. La isla de Kharg, situada a pocos kilómetros de la costa iraní, es el corazón logístico de las exportaciones de Teherán y su daño parcial podría reducir drásticamente la oferta de crudo en los mercados internacionales.

La represalia iraní, además de escenificar la vulnerabilidad de las infraestructuras civiles kuwaitíes, demuestra que Teherán está dispuesto a extender el conflicto a los países vecinos que albergan bases militares estadounidenses. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha convocado una reunión de urgencia del comité de seguimiento de la crisis energética, ante el previsible impacto en los precios de los carburantes y en la seguridad de suministro de la Unión Europea.

La comunidad internacional, a través de la ONU, ha instado a ambas partes a la desescalada, pero los hechos sobre el terreno indican que la diplomacia ha quedado sepultada bajo los misiles y los drones.