Irán ha cerrado el estrecho de Ormuz después de que fuerzas estadounidenses atacaran cientos de objetivos iraníes durante tres noches consecutivas, la última del 14 al 15 de julio de 2026. El cierre, anunciado el 15 de julio, supone una represalia estratégica que amenaza el flujo de alrededor del 20% del tráfico mundial de petróleo.

Los ataques estadounidenses, ordenados por el presidente Donald Trump, alcanzaron numerosos puntos en el sur de Irán, incluida la ciudad portuaria de Bandar Abbas, según fuentes oficiales. La operación pretendía, según Washington, debilitar las capacidades militares iraníes y recuperar cierto control sobre el estrecho, una ruta energética vital.

En respuesta, Teherán ha decidido cerrar el paso, en una escalada sin precedentes en décadas. El cierre del estrecho de Ormuz, por el que transita una quinta parte del crudo mundial, podría disparar los precios del petróleo y provocar una crisis energética global.

Implicaciones globales

El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el mar de Omán y es la principal vía de exportación de los grandes productores de crudo de la región, como Arabia Saudí, Irak y los Emiratos Árabes Unidos. La decisión iraní supone un desafío directo a la seguridad marítima y a la economía mundial.

Estados Unidos no ha confirmado aún si desplegará más activos navales en la zona para garantizar la libertad de navegación, según informaron fuentes del Pentágono. La tensión en el golfo Pérsico se suma a un escenario geopolítico ya de por sí volátil, con la guerra en Ucrania y las tensiones en el Indo-Pacífico.