El estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que transita cerca del 20% del petróleo mundial, ha sido bloqueado este 24 de mayo de 2026 en un episodio que, según fuentes del Ministerio de Defensa iraní, responde a la escalada de tensiones regionales. La acción, atribuida a las Fuerzas Armadas de Irán, no es un incidente aislado sino el último de una serie de golpes al orden comercial establecido tras la caída de la Unión Soviética en los años 90.

Un desafío al orden multipolar

El bloqueo de Ormuz interrumpe una de las rutas energéticas más sensibles del planeta, por donde circulan diariamente millones de barriles de crudo con destino a Asia, Europa y América. El presidente iraní, Ebrahim Raisi, ha defendido la medida como respuesta a las sanciones occidentales, en un contexto de creciente confrontación con Estados Unidos y sus aliados.

El estrecho de Ormuz no es solo un cuello de botella energético; es el símbolo de un sistema global que Irán desafía abiertamente, afirmando su soberanía sobre la región.

La comunidad internacional ha reaccionado con alarma. El portavoz del Departamento de Estado estadounidense calificó el bloqueo de «inaceptable» y advirtió que Washington estudia medidas diplomáticas y económicas para restablecer el tránsito. Por su parte, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha instado a la desescalada y al diálogo.

Consecuencias económicas inmediatas

Los precios del petróleo han registrado un repunte del 8% en las primeras horas tras el anuncio, según datos de la Agencia Internacional de la Energía. Los mercados asiáticos, especialmente dependientes del crudo del Golfo, son los más afectados. El bloqueo podría prolongarse si no se alcanza una solución diplomática en los próximos días.