Una nueva escalada en el Golfo Pérsico ha sacudido la región este 4 de junio de 2026. Irán lanzó un ataque con drones y misiles contra el aeropuerto de Kuwait, causando al menos un muerto y más de sesenta heridos, según fuentes oficiales kuwaitíes. Estados Unidos respondió de inmediato bombardeando objetivos iraníes próximos al estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más críticas del planeta.
Las negociaciones para detener la guerra y reabrir el paso clave para el comercio mundial de petróleo no registran «avances concretos», según declaró el canciller iraní a la prensa. Sin embargo, el presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que vislumbra un acuerdo para el próximo fin de semana, en una declaración que contrasta con la tensión bélica sobre el terreno.
El ataque contra Kuwait supone un salto cualitativo en el conflicto entre Irán y Estados Unidos. Hasta ahora, los enfrentamientos se limitaban a ataques contra bases y buques estadounidenses, pero la implicación directa de un tercer país amenaza con extender la crisis a toda la península arábiga. Kuwait es un estrecho aliado de Washington y acoge tropas de la coalición internacional.
La respuesta estadounidense se centró en instalaciones militares iraníes situadas en la costa del estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del crudo mundial. El Pentágono confirmó en un comunicado que los bombardeos tenían como objetivo «neutralizar la amenaza a la navegación y a los aliados», sin precisar el alcance de los daños causados.
La comunidad internacional ha mostrado su preocupación. La Unión Europea llamó a la moderación, mientras que Rusia y China pidieron un alto el fuego inmediato. Arabia Saudí, por su parte, cerró su espacio aéreo y puso en alerta sus defensas antimisiles. El estrecho de Ormuz permanece semicerrado, lo que ha disparado el precio del barril de Brent por encima de los 120 dólares.
El conflicto, que acumula meses de hostilidades latentes, ha entrado en una fase de máxima tensión. La comunidad energética global observa con inquietud un posible bloqueo total del estrecho, que paralizaría el suministro a Europa y Asia. Para España, país altamente dependiente de las importaciones de crudo y gas, la situación genera alarma en los mercados y en las cadenas de suministro industriales.




