Una controvertida propuesta de investigadores ha revelado un plan para que maestros de preescolar lleven cámaras que capturen su perspectiva en primera persona con el objetivo de entrenar modelos de inteligencia artificial. La iniciativa, reportada el 18 de mayo de 2026, ha desatado un intenso debate sobre la privacidad de los niños y la ética en la recopilación de datos desde edades tempranas.

Según el documento compartido con padres y posteriormente filtrado a la prensa, la solicitud afirmaba: «Con su permiso, el maestro principal de su hijo puede llevar una pequeña cámara que captura la perspectiva aproximada en primera persona del maestro, y/o podemos colocar una cámara fija en el aula». La propuesta, que no especifica el país ni la región, se enmarca en proyectos de investigación que buscan alimentar sistemas de IA con datos de interacciones humanas reales, en este caso de niños pequeños.

La iniciativa plantea graves problemas de privacidad y consentimiento informado, especialmente tratándose de menores que no pueden dar su consentimiento de forma autónoma. Los padres, aunque consultados, podrían no ser plenamente conscientes de las implicaciones de que las imágenes y sonidos de sus hijos sean utilizados para entrenar algoritmos. Expertos en protección de datos han señalado que esta práctica podría violar normativas como el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) europeo o leyes similares en otros países, que exigen un consentimiento explícito y específico para cada uso de los datos.

La posibilidad de que cámaras en el aula capturen conversaciones, emociones y comportamientos de niños de 3 a 5 años ha generado alarma entre organizaciones de derechos digitales. Sostienen que la tecnología podría normalizar la vigilancia masiva desde la infancia, con consecuencias impredecibles para el desarrollo de los menores y la configuración de sesgos en los algoritmos. Aunque los investigadores probablemente buscan mejorar la IA en áreas como el reconocimiento de patrones de aprendizaje o la detección de necesidades especiales, el coste en términos de privacidad podría ser inasumible.

Hasta el momento, no se ha identificado a las instituciones o investigadores responsables del proyecto, ni se sabe si la propuesta llegó a implementarse. El caso, sin embargo, ya ha sido calificado como un ejemplo preocupante de los límites de la recolección de datos en la era de la IA, donde los intereses comerciales o académicos pueden chocar con los derechos fundamentales desde los primeros años de vida.