La cumbre entre los presidentes de Estados Unidos y China, Donald Trump y Xi Jinping, celebrada este 18 de mayo en Pekín, ha generado inquietud en Indonesia. Analistas y funcionarios indonesios citados por la prensa local consideran que el aparente entendimiento entre las dos grandes potencias podría consolidar una esfera de influencia compartida que margine a Yakarta como potencia bisagra en el Sudeste Asiático.

La cita estaba destinada a calmar las relaciones bilaterales, pero ha expuesto una realidad más profunda: la estabilidad entre grandes potencias puede lograrse a veces a costa de las potencias medias. Indonesia, que tradicionalmente ha equilibrado su relación con Pekín y Washington, teme quedar atrapada en un nuevo orden regional donde su papel de actor independiente se diluya.

La cumbre Trump-Xi en Pekín debería haber señalado una nueva fase de relaciones más tranquilas entre Estados Unidos y China. En cambio, expuso una realidad más profunda que debería preocupar a Indonesia y gran parte del Sudeste Asiático.

El riesgo de una esfera de influencia compartida

Según los analistas consultados, el riesgo no es un conflicto abierto entre Washington y Pekín, sino todo lo contrario: un entendimiento tácito que establezca áreas de influencia en la región. Para Indonesia, esto supondría perder su capacidad de maniobra como potencia equilibradora, un estatus que ha cultivado durante décadas en el seno de la ASEAN y en foros multilaterales como el G20.

La preocupación no es nueva, pero la cumbre de Pekín la ha agudizado. Trump abandonó la capital china con palabras cálidas pero muy pocos compromisos concretos, según fuentes diplomáticas citadas por la agencia Antara. La falta de detalles sobre el contenido de las conversaciones alimenta la incertidumbre en Yakarta sobre cuáles son las verdaderas líneas rojas de la nueva relación bilateral.

El factor naval y comercial

Indonesia observa con atención cualquier indicio de que Estados Unidos y China acuerden una división tácita del espacio marítimo del Mar de China Meridional, donde Yakarta mantiene disputas territoriales con Pekín. Un posible pacto tácito entre las dos superpotencias podría dejar a Indonesia sin el respaldo estadounidense que hasta ahora servía de contrapeso a la creciente presencia naval china en el archipiélago de las Natuna.

En el plano comercial, el acercamiento entre Trump y Xi también preocupa. Indonesia compite directamente con China por atraer inversión estadounidense en sectores como la fabricación de baterías para vehículos eléctricos y el procesamiento de níquel. Un acuerdo preferencial entre Washington y Pekín podría desviar flujos de inversión que Yakarta esperaba captar gracias a sus abundantes recursos minerales.