El Gobierno de Indonesia ha anunciado un ambicioso plan para construir un dique marino gigante de más de 500 kilómetros de longitud a lo largo de la costa norte de Java, con el objetivo de proteger la isla de las crecientes inundaciones costeras. El anuncio, difundido el 20 de mayo de 2026, sitúa a la mayor economía del Sudeste Asiático ante uno de los desafíos de infraestructura más colosales de su historia.

Un proyecto colosal contra el cambio climático

El dique, todavía en fase de diseño, pretende crear una enorme laguna artificial tras la barrera de hormigón. Según expertos de la Universidad de Queensland y la Universidad de Sídney que participan en el estudio, la infraestructura busca mitigar los efectos combinados del aumento del nivel del mar y la subsidencia del terreno, dos fenómenos que amenazan con sumergir amplias zonas de la costa noroccidental de Java, donde se concentran decenas de millones de habitantes y una importante actividad industrial.

El proyecto se enmarca en la estrategia a largo plazo de Yakarta para adaptarse a los efectos del cambio climático. La capital, Yakarta, ya se hunde a un ritmo de hasta 25 centímetros por año en algunas zonas debido a la extracción de aguas subterráneas, lo que ha forzado al gobierno a iniciar la mudanza de la capital a Nusantara, en la isla de Borneo. El dique complementaría esta estrategia al proteger las regiones costeras más vulnerables.

Impactos geopolíticos y ambientales

La construcción de una obra de esta magnitud en el archipiélago indonesio, que limita con el estratégico mar de China Meridional, tiene implicaciones que trascienden lo puramente climático. Indonesia, miembro destacado de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), busca reforzar su soberanía marítima en una región donde Pekín mantiene disputas territoriales con varios países vecinos. El dique podría interpretarse como una declaración de facto de control sobre las aguas adyacentes a Java.

No obstante, el proyecto también plantea serios interrogantes ambientales. La creación de una laguna artificial de decenas de miles de hectáreas alteraría los ecosistemas costeros, afectando a la pesca artesanal y a los manglares, que ya sufren la presión del desarrollo urbano. Organizaciones ecologistas han solicitado estudios de impacto independientes antes de que el gobierno indonesio inicie la fase de contratación, prevista para 2028 si los estudios de viabilidad lo avalan.

Por el momento, Yakarta no ha revelado el coste estimado ni los plazos de ejecución, aunque fuentes del Ministerio de Obras Públicas apuntan a una inversión que podría superar los 50.000 millones de dólares a lo largo de dos décadas. El dique indonesio se sumaría así a otros grandes proyectos de defensa costera en el mundo, como el Zuiderzee Works neerlandés o la barrera del Támesis en Londres, pero en una escala adaptada a un país insular en desarrollo.