Los precios de las importaciones en Estados Unidos registraron en junio un aumento interanual del 6,7%, el mayor desde agosto de 2022, impulsados principalmente por la subida de los combustibles, según datos publicados por las oficinas estadísticas del país. El encarecimiento de las compras al exterior refleja la persistente presión inflacionista que el alza del crudo y sus derivados ejerce sobre la economía estadounidense.

El petróleo cae por el desbloqueo de Ormuz

En paralelo, los mercados petroleros registraron una fuerte caída. El barril de crudo Brent, referencia para Europa, se desplomó hasta los 80,89 dólares, su nivel más bajo desde el 4 de marzo. Este descenso se atribuye al optimismo creciente sobre una posible reapertura del estrecho de Ormuz, ruta estratégica por la que transita cerca del 20% del crudo mundial.

Las tensiones en la región del Golfo Pérsico, que en los últimos meses habían elevado la prima de riesgo sobre el suministro, parecen ceder terreno ante las expectativas de un acuerdo diplomático que permita la libre navegación. Los analistas consideran que una normalización del tráfico en esa vía aliviaría la oferta global de petróleo y contribuiría a moderar los precios.

La combinación de ambos factores dibuja un escenario complejo para la política económica estadounidense: el encarecimiento de las importaciones por el componente energético choca con una posible relajación de los precios del crudo a corto plazo, lo que podría ofrecer cierto respiro a la inflación importada.

La evolución del estrecho de Ormuz sigue siendo el principal foco de incertidumbre para los mercados energéticos. Cualquier retroceso en las negociaciones podría revertir la tendencia bajista del Brent y disparar de nuevo los precios de importación en Estados Unidos.