Desde hace semanas, la milicia proiraní Hezbolá ha intensificado sus ataques con drones kamikaze contra el norte de Israel. La táctica, habitual en la guerra de Ucrania desde hace más de dos años, supone un desafío inédito para las defensas israelíes, centradas tradicionalmente en la interceptación de cohetes y misiles.

Una amenaza barata y eficaz

Los drones empleados por Hezbolá son aparatos de bajo coste, a menudo fabricados con componentes comerciales, que pueden eludir los sistemas de defensa aérea israelíes gracias a su reducido tamaño y su capacidad de volar a baja altitud. Israel ha intentado contrarrestarlos con sistemas de guerra electrónica y cañones láser, pero la velocidad a la que se multiplican los ataques dificulta una respuesta definitiva.

La guerra de Ucrania demostró que los drones baratos pueden saturar las defensas antiaéreas más sofisticadas. Ahora Hezbolá aplica la misma lección en la frontera norte de Israel.

Fuentes militares israelíes reconocen la dificultad de interceptar todos los artefactos. En las últimas semanas se han registrado impactos en zonas civiles y militares, aunque Israel no ha facilitado un balance detallado de víctimas o daños materiales.

Implicaciones regionales

La escalada de Hezbolá se produce en un contexto de tensión creciente en Oriente Medio. Irán, principal valedor de la milicia libanesa, ha incrementado su apoyo logístico y técnico. Para Israel, la amenaza de los drones se suma a la ya existente de los misiles y cohetes, lo que obliga a redoblar los esfuerzos en defensa antiaérea y en ataques preventivos contra las plataformas de lanzamiento en el sur del Líbano.

La comunidad internacional ha mostrado su preocupación. El secretario general de la ONU instó a ambas partes a la moderación, mientras que Estados Unidos ha reforzado su presencia naval en el Mediterráneo oriental como señal de disuasión. Por el momento, no se vislumbra un alto el fuego, y los analistas advierten de que la guerra de drones podría prolongarse durante meses.